En poco más de dos años hemos pasado de la foto de las Azores al eje que une Madrid, Caracas, La Habana y La Paz. Es más que una desviación del rumbo de la política exterior española. Es un giro copernicano. Aquellas estampas de las Azores con Bush, Blair y Aznar dando el pistoletazo de salida a la absurda guerra de Iraq sellaban lo que va a resultar el primer gran error político cometido por Occidente en lo que va de siglo.

Soy bastante partidario de las tesis de lord Palmerston, el más joven ministro de Exteriores que ha tenido Gran Bretaña, cuando decía que Inglaterra no tenía amigos ni enemigos. Sólo tenía intereses.

Si sólo se entrevistaran los líderes por razones de simpatías personales o ideológicas, Kennedy no se habría visto nunca con Kruschev, ni Carlos V con Francisco I de Francia, ni el Papa Gregorio VII con el emperador Enrique IV en Canosa, ni Churchill se habría sentado con Stalin en Yalta. Nixon se acercó a Mao y se vio varias veces con Breznev a pesar de sus radicales diferencias.

La foto de las Azores tenía un cierto aire de impostura. Sobre una mentira se quería construir una verdad. Tres años después, la gran verdad es que hay más terrorismo en Iraq y han muerto decenas de miles de personas como consecuencia de aquel pacto para democratizar un país que vivía bajo una férrea dictadura.

Pero la alianza estelar internacional que Rodríguez Zapatero parece estar tejiendo con Hugo Chávez, Fidel Castro y Evo Morales me parece patética. Ya sé que los intereses energéticos pueden convertirse en razón de Estado en el caso de Bolivia y Venezuela. Repsol es mucho Repsol y me disgustaría que las tesis progresistas al uso en el sentido de que quien gobierna el mundo son las multinacionales se perpetraran frívolamente con estadistas como el caudillo Chávez, el dictador Castro y el presidente Evo Morales, del que sabemos que ha ganado democráticamente las elecciones en Bolivia.

Aznar zurció un entramado diplomático con Bush al precio de dinamitar la unidad de la política exterior europea y Zapatero cabalga con unos compañeros de viaje que plantan cara abiertamente a la potencia norteamericana que circunstancialmente es ahora gobernada por George W. Bush. Todos mis respetos hacia el presidente electo de Bolivia, que ha cruzado el Atlántico para fotografiarse con Zapatero después de hacerlo con Hugo Chávez y con Fidel Castro. No sé si estos socios son los más recomendables.