Ha escrito Félix de Azúa, y lo ha escrito precisamente para este periódico, que los conceptos de nacionalismo y socialismo son contradictorios. Félix de Azúa, barcelonés, es una de las cabezas más lúcidas de Cataluña y de España, máxime cuando esta lucidez queda pavonada de ironía, sarcasmo y buen humor. Efectivamente, Azúa tiene hoy muy cerca la experiencia de ese engendro nacionalsocialista que están ensayando con mal estilo las autoridades catalanas.
El socialismo es la religión más amplia y eficaz que haya podido alumbrar la Humanidad. Sólo que el socialismo no es un partido socialista de cinco, como creen o parecen creer estos rojos catalanes que tantos disgustos nos están dando. En cuanto al nacionalismo, pudiera ser un socialismo sin geografía. El socialista clásico predica más para las tierras que para los hombres. El socialismo histórico y de raíz marxista predicaba más para los hombres que para las tierras. Stalin, que era un provinciano, propugnaba la revolución nacional, la revolución para unos cuantos pueblos.Aquello, más que una revolución era o parecía una parroquia, un pequeño sindicato donde las clases del poder tomaban el trineo a media tarde y se iban al partido a repetirse una vez más, unos a otros, lo que entendían por comunismo, que era muy poco común.

Del otro lado, en esta sinopsis, el proletariat (parece catalán, qué bien) tomaba a su vez el trineo, con unos cuantos perros menos que los ricos, pues lo que se había hecho allí no era la revolución de los hombres sino la revolución de los perros.

Como en Montserrat hay más perros que nieve, estos rojazos de ahora han tenido que explicar a los votantes que aquello de Trotsky, o sea la revolución internacional, no tenía sentido sino sólo mitología, que es todo lo contrario. Nacionalismo y socialismo no es que sean contradictorios entre sí, como bien insinúa el señor Azúa, sino que un nacionalismo socializante no es sino la galvanización de aquel mediocre invento hitleriano, que lo sacó adelante en unas elecciones. Ustedes lo saben: la palabra nazi no es sino la fusión forzosa y forzada de nacionalismo y socialismo.

De ahí sale nazismo, que no es sino un fascismo con música de Wagner. Dejó escrito nuestro Ortega y Gasset que toda la música, desde Beethoven a Wagner, no es sino melodrama (drama con música) y que la verdadera revolución musical principia en Debussy. En cuanto al nacionalismo socialista, parece una cosa de los sindicatos verticales de Emilio Romero y Pepe Solís, la sonrisa del Régimen.Un socialismo en profundidad todavía no se ha intentado nunca en el mundo ni en España, pero lo van a intentar unos catalanes de acentos complicados para que el camarero les entienda cuando piden el menú, que ya sería bastante privilegio para ellos. Cataluña, actualmente, funciona con dos ruedas, pero le fallan los perros del pueblo, que protestan con bandera, según sondeos. Lo cual que a Félix de Azúa no le invitan nunca al trineo, pero tiene trineo propio, o sea cátedra. Siempre le ha llamado a uno la atención el poco caso que Cataluña hace de sus intelectuales en contraste con la pasión proclamada por el idioma. He aquí otra contradicción que desajusta las bielas de aquella industriosa Atenas.