Año nuevo, vida nueva. Tiempo de buenos propósitos. Como contribución a éstos, sugiero aquí a Federico Jiménez Losantos, César Vidal y demás compañeros (y, sin embargo, amigos) de la Cope una receta segura para acallar las críticas a sus lenguas viperinas que nuestros gobernantes y sus medios informativos les están propinando. Ponen, por ejemplo, el grito en el cielo porque se llame El Dioni de la Pampa al presidente argentino, Néstor Kirchner. Y tienen razón, Federico: ¿qué costaría llamarle sencillamente Ernesto Kirchner, como hace el presidente del gran talante latinoamericano?
Pero es que es todavía más fácil. La receta infalible es tomar las lecciones de urbanidad de donde proceden las más acerbas quejas, de donde piden «juzgado de guardia» para la Cope: las páginas de El País. Un periódico serio y formal, no como otros.Y en él, ahora que falta Haro Tecglen, ningún espejo mejor en el que mirarse para bruñir el lenguaje que el de sus grandes columnistas políticos Javier Pradera y Enrique Gil Calvo. Exprésense como ellos y nada podrá serles reprochado, señores de la Cope. ¿O no? Ejemplos:

Aprendan de Pradera el toque colorista, que ya hemos citado otra vez, pero que merece aparecer de nuevo: ¡esa «característica mueca verde de ruindad y cicatería» de Aznar!

De Gil Calvo, el toque Torquemada: «La fobia inquisitorial de esa excitada peña de energúmenos sin ingenio» (se refiere a los contertulios de la Cope; gracias por la pequeña parte que nos toca).

Nuevamente de Pradera, el toque no-se-lo-tomen-personalmente: Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez son unos «interesados farsantes».

Del mismo autor (tardío pero brillante practicante de este tipo de acerada crítica), el que podríamos llamar toque Cipote de Archidona. En efecto, atribuye al PP una «ensoñación onanista» (que no es la que se imaginan, sino la de «consensuar la Constitución sólo con su sombra»).

Y, finalmente, del inimitable Gil Calvo, el que se puede considerar como toque magistral y enciclopédico:

«La oposición del PP se envilece un poco más cada día, cayendo en la práctica de un nihilismo tan estéril como autodestructivo.Con cualquier ocasión, los tres mosqueteros de Aznar aprovechan la excusa para agredir y ridiculizar a Zapatero con la burlona grosería que caracteriza al peculiar estilo de cada cual: Rajoy haciéndose el socarrón, Acebes más obtuso cada día y Zaplana en plan rufián. Y en su obsesión por demoler la imagen del presidente se dedican a tiempo completo a la tarea de descalificar su labor como si creyeran que en su lidia del Leviatán gubernamental les ha llegado por fin la hora de entrar a matar. De ahí que se engolfen como chulos de barrio o matones de colegio en la práctica del mobbing o acoso político, insultando al jefe del Gobierno sin ningún pudor».

Si es que no es tan complicado, Federico, César. Hay que imbuirse de esas buenas maneras. Y seguro, seguro que todos os aplaudirán.