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3 Enero 2006

¿Qué pasaría si Argelia decidiera un día cerrar la llave de paso del gas a España?, de Jesús Cacho en El Confidencial

La respuesta a esta pregunta podría ser considerada por algunos como una eventualidad tan infundada como alarmista, pero si eso llegara a suceder, si Argelia decidiera un día cerrar la espita del gas que suministra a España, entonces la economía española se pararía de golpe, y hasta el modo de vida de los españoles se vería drásticamente afectado. ¿Catastrofismo? Pónganle ustedes el calificativo que más les plazca, pero por ahí andaría la cosa.

Ya saben que el Gobierno ruso ha decidido recortar drásticamente el suministro de gas natural a Ucrania, después de que Kiev rechazara un nuevo precio que casi quintuplicaba el anterior (230 dólares, frente a los 50 previos, por 1.000 metros cúbicos), recorte que está afectando directamente a Polonia, Austria, Hungría, Rumanía, incluso Francia e Italia, países que reciben de Rusia gran parte del gas que consumen y que les llega a través de tres gasoductos que cruzan Ucrania.

Conviene decir enseguida que la UE depende en un 24% de media (30% en el caso de Italia; 20% en el de Francia) del gas natural procedente de las enormes reservas rusas, un porcentaje muy alto, pero ciertamente irrelevante si se le compara con el grado de dependencia de España del gas argelino, que alcanza casi un 60% de nuestro consumo, porcentaje elevadísimo. Realmente la dependencia española del gas magrebí es uno de esos asuntos de importancia estratégica que deberían ser motivo de preocupación para cualquier Gobierno.

Ni siquiera los Estados Unidos de América dependen del gas canadiense como España del argelino, y eso que, con todos los respetos para Argelia, Canadá es una democracia occidental plenamente consolidada, un país miembro del G-8 y de la OTAN, del que difícilmente los norteamericanos pueden esperar sorpresas desagradables en lo que a cortes del suministro se refiere por culpa de avatares políticos.

Que es, por desgracia, lo que preocupa a muchos españoles en el caso de Argelia, un país árabe regido por un sistema político un tanto sui géneris, donde los riesgos del integrismo islamista no han desaparecido, ni mucho menos, por más que ahora estén adormecidos, y donde, en el fondo, no se sabe bien qué podrá ocurrir el día en que desaparezca de la escena política el actual presidente, señor Buteflika, al parecer aquejado de una grave enfermedad de la que acaba de ser operado en París.

No pocos de nuestros socios europeos disponen mal que bien, puesto que están lejos de ser autosuficientes, de sus propios yacimiento de gas, y cuentan además, con reservas estratégicas para un periodo comprendido entre 75 y 100 días. Eso no ocurre en el caso español, donde dichas reservas (reconociendo la dificultad de almacenar gas) apenas alcanzan para unos pocos días.

Nuestra situación de dependencia con respecto al petróleo es notablemente mejor, a pesar de que necesitamos importar el 100% del que consumimos, y lo es porque el primer suministrador de crudo español es Nigeria, con el 16% del total, porcentaje sensiblemente inferior al citado 60% de gas argelino (que, además, va en aumento, debido a la construcción del nuevo gasoducto de Cepsa) y porque los stocks estratégicos de crudo equivalen a 100 días de consumo.

Conviene no olvidar, además, que el 20% de la electricidad que consumimos procede del gas como fuerte primaria de energía, lo que nos lleva a preguntar: ¿Qué consecuencias tendría para España la interrupción del suministro de gas argelino provocada por acontecimientos políticos o simplemente por un problemas de discrepancia en los precios, como parece ser el caso entre Rusia y Ucrania?

A señalar, por lo demás, que las relaciones de Madrid con Argel se han enfriado un tanto conforme han mejorado con Rabat. Por el juego de alianzas basado en ese aforismo según el cual “los enemigos de mi enemigo son mis amigos”, Argelia se convirtió en socio privilegiado del Gobierno Aznar a cuenta de las gélidas relaciones que el ex presidente del PP mantuvo con el Rey marroquí, pero Argelia ha vuelto a alejarse de la órbita española con la llegada al poder de Zapatero, siempre dispuesto a extender la alfombra roja a los pies del sultán.

El corolario está cantado: el conflicto entre Rusia y Ucrania pone de repente sobre el tapete español y con toda su crudeza, la necesidad urgente de que el Gobierno adopte decisiones estratégicas destinadas a diversificar las fuentes de aprovisionamiento de gas y a reducir drásticamente la dependencia argelina. No es una asunto menor. Es una cuestión capital, de la que depende el funcionamiento de nuestra economía y la capacidad de los españoles para moverse, desplazarse a su trabajo, poder efectivamente trabajar y todo lo demás. Casi nada.

jcacho@elconfidencial.com

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