Después de la tregua del domingo de Año Nuevo, hoy empezará a aplicarse con toda su crudeza la nueva ley Antitabaco que tantos hábitos y costumbres va a cambiar en nuestro país. Los ciudadanos han despedido el año sufriendo un nuevo derroche de información sobre las desventuras de esa cosa intangible que es el Estatut de Catalunya y se despiertan al nuevo año con una realidad que van a tener presente cada día como es la ley del tabaco. Tratar de seguir el ritmo que marca la clase política con el Estatut es bien estresante: un día el acuerdo es imposible; al día siguiente, se ha hecho un avance histórico; al tercero, las posturas siguen bien alejadas; al cuarto, volvemos a vislumbrar un acuerdo, pero, según como, a lo mejor, quizás... El desfile de declaraciones marcados por las tácticas de los think-tanks de los partidos es descorazonador para el gran público que entiende que el Estatut es algo muy importante. Pero al final ya no se cree a nadie y no sabe muy bien qué hará el día en que deban ratificarlo en un referéndum.
Si esto del Estatut es una cosa etérea que todavía no tiene forma definida, lo de la ley del tabaco sí que es algo que los ciudadanos van a poder apreciar y notar en concreto desde ya. Y en este tema no hay medias tintas: o se está a favor de la ley o se está en contra por considerar que se vulneran los derechos personales de cada uno. A partir de hoy, en los centros de trabajo, en los bares o en los lugares más variopintos, va a ser el gran tema de debate y de relación interpersonal entre los ciudadanos. Como yo soy un fumador pasivo desde que nací, no sé si soy lo suficientemente neutral para emitir un juicio al respecto. Pero si lo fuera, diría que me parece una de las mejores decisiones tomadas por el presidente Zapatero. Y no se puede colegir que es una decisión fácil por las enemistades que puede generar entre los sectores afectados. Entiendo que el sector más radical del frente antitabaco no va a votar a partir de ahora al PSOE a pesar de que aplaudan la decisión del Ejecutivo. Pero, en cambio, no me extrañaría nada que votantes socialistas de toda la vida se quedasen en su casa en día de elecciones ante lo que pueden considerar una persecución en toda la regla por parte del Gobierno.
Por eso me gusta el gesto de Zapatero de aplicar sus ideas y hacer lo que considera mejor aunque pueda ser impopular para la opinión pública. Así se gobierna. De la misma forma que en su día abrió la caja de los truenos con la controvertida decisión de los matrimonios gays. Estaba en su programa electoral y lo que hizo fue cumplirlo.
Sería bueno que este mismo coraje lo aplicase en el Estatut y cumpliese lo prometido en su día. Es cierto que bastante está haciendo ya aguantando la embestida en contra del proyecto que está recibiendo desde el PSOE, el PP y desde los grandes medios de comunicación de la capital. Sean independientes de derechas, o independientes de izquierdas. Hay quien ha apuntado que todo el follón que se va a montar con la ley antitabaco va a dejar al Estatut en un segundo plano de la actualidad. Pero dudo que esta ley vaya a actuar como cortina de humo, nunca mejor dicho. Porque con el Estatut habrá polémica para rato. Con humo o sin humo.
Semana con sorpresas En principio, esta semana está planteada como una especie de receso en la gran batalla negociadora del Estatut. Los cracks están de vacaciones mientras los suplentes tratarán de mantener abierta la parada con actuaciones aisladas. Los móviles echarán humo estos días. Sin embargo, no descarten alguna reunión sorpresa en la Moncloa para impulsar de una vez por todas el acuerdo. Esta semana puede ser más decisiva de lo esperado
Sí a los derechos históricos
Uno de las principales acuerdos alcanzados en la reunión del Parlament entre el PSOE y el cuatripartito fue la aceptación del artículo quinto del Estatut sobre los derechos históricos. Rubalcaba dijo que no habría problema en asumir que el autogobierno de Catalunya se sustentaba en su derecho civil, la lengua, la educación, la cultura y el sistema institucional. No es un hecho baladí.
Baqueira sigue en boga
Como ya se anunció en su día, el Rey no ha acudido estos días a esquiar a Baqueira, como era tradición. Pero a quien sí se espera es al ex presidente José María Aznar. La estación sigue siendo atracción predilecta de los políticos. Aparte del dúo democristiano fijo de cada año, formado por Duran y Sánchez Llibre, acudirán el presidente del FMI, Rodrigo Rato, y el ministro de Defensa, José Bono, quien por cierto almorzó recientemente en secreto en su despacho con Artur Mas.
jjuan@lavanguardia.es

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