Quienes lamentaron en su día la retirada de las tropas españolas ("vergonzante", dijeron) se dan ahora golpes de pecho porque, según ellos, hemos vuelto de tapadillo a la guerra del Iraq. Quienes se rasgaron las vestiduras por la guerra sucia del Gobierno socialista contra ETA comprenden la que practica el Gobierno Bush y hacen como si no hubieran oído el clarinazo reciente de Harold Pinter.
Son los mismos que se inventan noticias como que Zapatero pide permiso a Mohamed VI para visitar Ceuta y Melilla o que el Gobierno quiere reimplantar la censura. Por referirme sólo a lo más reciente en materia de creación de climas artificiales que, sumado a las reales meteduras de pata del Gobierno, explica que los ciudadanos no vean con buenos ojos la situación política en este paso del año amortizado al que acabamos de estrenar. Eso dicen los últimos sondeos oficiales (CIS).
Este Gobierno ha hecho méritos suficientes para inocular en la opinión pública el síndrome del piloto borracho. Las torpezas de Zapatero en dos asuntos tan sensibles como el Estatut y la pacificación del País Vasco, su desastrosa política informativa y sus deficientes sistemas de formación de criterio, amén de esa matemática del 14-M que le condena a las amistades peligrosas, son factores verdaderos del pobre balance del Gobierno en la percepción ciudadana sobre el momento político.
Pero en ese balance se amontonan también otros factores de interesada elaboración, no achacables al quehacer del Gobierno Zapatero. Como perro no come perro, no seré explícito al hablar de informaciones sesgadas y climas de opinión elaborados en ciertas factorías de la comunicación más próximas a las relaciones de poder que al cabal ejercicio del periodismo. Las que comparten con el PP el estupor del resultado en las últimas elecciones generales (14 marzo 04) y siguen poseídos por el carácter retroactivo de su discurso.
Se pueden mencionar algunas de esas manufacturas. A saber: la delirante y alternativa adjudicación del jueves de sangre (11-M) a ETA, los servicios secretos de Marruecos, las tramas asturianas o el quintacolumnismo policial del PSOE; los pactos del Gobierno con Batasuna para ir poniendo en la calle a los presos etarras; el compromiso de Zapatero con Mohamed VI para entregarle Ceuta y Melilla; el cambalache de la Moncloa para renunciar a los Fondos de Cohesión a cambio de que Durao Barroso (presidente de la Comisión de la UE) facilitase la OPA de Gas Natural a Endesa... etcétera.
La última es la inconfesada participación de España en la guerra de Iraq. Una acusación en toda regla lanzada por los mismos, y con el mismo descaro, que pusieron y ponen a parir a Zapatero por haberse desvinculado del compromiso de España con los Estados Unidos en su controvertida operación bélica.
O sea, una contradictoria denuncia contra la contradicción de lo denunciado. Absurdo, pero encaja en esa lógica de utilizarlo todo contra el Gobierno Zapatero. Aunque haya que mirar hacia otro lado si las propias fuentes estadounidenses desmienten los términos de la acusación.

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