Los Ejércitos españoles (Tierra, Mar y Aire) tienen bastantes problemas, pero muestran muchas virtudes. Sufren de escasez de efectivos humanos, pero gozan de altas capacidades tecnológicas.
En la Armada, estas capacidades se ven fundamentalmente representadas por las cuatro fragatas de la clase F-100 construidas, las tres primeras de las cuales ya han entrado en servicio. Está previsto que la cuarta sea entregada oficialmente a la Armada en febrero de 2006.
El Consejo de Ministros dio ya luz verde a la construcción de una quinta unidad, y no es descartable, según pinten los futuros Presupuestos, una decisión afirmativa respecto a una sexta.
La fragata que encabeza la serie, un auténtico hito para nuestra Marina militar, es la Alvaro de Bazán, que luce en sus costados el numeral F-101. La bella y la bestia en una sola pieza de diversos tipos de acero gris de alta calidad y resistencia. Esbelta, airosa, marinera, elegante y sofisticada, pero también poderosa. Muy poderosa. No las hay mejores. Su construcción se articula alrededor de un diablo electrónico e informático llamado Aegis, cinco letras que designan al más avanzado sistema de detección, control, dirección de misiles y contramedidas existente en la actualidad.
Servido por cuatro antenas fijas, planas y octogonales, situadas en la gran superestructura del barco, cubre sin necesidad de barridos los 360º del completo horizonte. Sensores antisubmarinos lo complementan. Nada de lo que navega o vuela se le escapa.
Sólo lo poseen, con ciertas variaciones de capacidades e instalación, cruceros y destructores estadounidenses y varias unidades de Noruega (construidas en España), Corea del Sur y Japón. Próximamente se unirá Australia al selecto grupo. Se necesita como mínimo un año de formación de especialistas para dominar la complejidad de un Aegis siempre en proceso de mejora.
La Alvaro de Bazán y sus tres hermanas gemelas le proporcionan a España un enorme prestigio internacional sobre las olas. Ha sido el primer buque extranjero incorporado a todos los efectos al grupo de combate de un portaaviones estadounidense. Una distinción que habla elocuentemente de sus virtudes como barco de guerra.
La filosofía de su diseño y construcción responde a la idea y la necesidad para las Marinas de clase media de contar con un navío de reducido porte y altas prestaciones que, con una dotación pequeña pero muy cualificada, desempeñe con ventaja las funciones asignadas a unidades de mayor tamaño.
La Alvaro de Bazán llega a desplazar 5.800 toneladas, mide 146,4 metros de eslora y 17,5 de manga. Su velocidad es de 28 nudos y lleva habitualmente a bordo 201 tripulantes. Puede embarcar un helicóptero multifunciones SH-60B Seahawk alojado en un hangar de popa.
Un barco de guerra se caracteriza y distingue por muchos aspectos esenciales para llevar a cabo todas sus complejas misiones: comunicaciones, sistemas de navegación y modos de propulsión Pero, ante todo, armamento. La Alvaro de Bazán monta un cañón de 127 mm. y dos de 20 mm. Pero aquello por lo que resulta más temible es el sistema de lanzamiento vertical MK-41, seis módulos y 48 celdas de misiles antiaéreos de corto y medio alcance colocados a proa. En el centro del buque, dos montajes cuádruples de misiles antibuque Harpoon.
Falta en el conjunto la incorporación de un sistema de defensa cercana antimisil. Descartado el Meroka, que equipa al portaaviones Príncipe de Asturias y a las fragatas de la serie F-80, los estudios se inclinan actualmente por el RAM.
La Alvaro de Bazán es, además, un barco bastante confortable.Las excelentes condiciones de habitabilidad para la tripulación, desconocidas hasta ahora, hacen más llevaderas las duras condiciones de trabajo en el mar y las largas estancias entre el agua y el cielo.

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