Se cumplen 20 años desde que el 1 de enero de 1986 España se convirtiera en socio de pleno derecho de la Unión Europea. En ese periodo, el país ha recibido más de 100.000 millones de euros de ayudas netas de Bruselas que han contribuido a que la riqueza de los españoles roce ya la media de sus socios. Pero, al tiempo, la UE tradicional de 15 estados -sin contar el Este- acumula un negocio comercial a su favor con España de 200.000 millones.
Ocurrió en las mismas fechas. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hacía su entrada el pasado día 15 en el Edificio Justus Lipsius de Bruselas para intentar atenuar el drástico recorte que se avecinaba a los fondos europeos para España. Y a más de mil kilómetros de distancia, los directivos del grupo alemán Siemens y el francés Alstom movían en Madrid los hilos que podían para llevarse el nuevo contrato de Renfe de trenes de cercanías por valor cercano a los 500 millones de euros. También en ese día entraban muchos más bienes y servicios procedentes de esos países que los que conseguía exportarles España.
Es la historia económica de los 20 años que cumple España como socio de la Unión Europea. Un negocio extraordinario para la entonces muy joven democracia española y también nada despreciable para los países fundadores del club comunitario.
Según el secretario de Estado para la Unión Europea, Alberto Navarro, España ha recibido en términos netos más de 100.000 millones de euros desde 1986, un paquete de ayudas sin precedentes en el mundo y superior al repartido por EEUU en el mítico Plan Marshall de posguerra.
Pero según los datos del secretario de Estado de Comercio, Pedro Mejía, la UE acumula un superávit comercial (vende más de lo que compra) con España cercano ya a los 225.000 millones de euros en estos 20 años. Y son incontables los concursos públicos, empezando por el tren de alta velocidad, adjudicados a grupos procedentes de los principales países de la Unión Europea.
Devaluación segura
Tras veinte años de esplendor, el año 2005 ha supuesto el principio del fin del Plan Marshall español. El recorte acordado ahora para el periodo 2007-2013 sobre lo recibido desde 1992 -el año en que comenzó la velocidad de crucero de absorción de subvenciones comunitarias- ha superado el 80%. El Consejo Europeo concluido en Bruselas en la madrugada del día 17 ha sido el peor para los intereses españoles desde la adhesión. Ley de vida, según el Gobierno, mala negociación, según la oposición.
En estos veinte años ha habido beneficios extraordinarios difíciles de cuantificar. Por ejemplo, sin el ingreso en el euro no se habrían abaratado las hipotecas hasta niveles inimaginables (coste cero en términos reales descontado el IPC).
Con el actual déficit comercial español, hay altos funcionarios del Gobierno que no ocultan que, de no ser por el euro, la peseta se habría visto obligada a una devaluación con respecto al marco alemán en este año 2005. Y también sería imposible que el Santander fuera el primer banco de la Unión Europea y que Telefónica se abriera paso internacional.
Pero todos los expertos coinciden en que aún es necesaria al menos una década de fuerte ritmo de ayudas europeas para completar la convergencia real. Por eso, tanto la patronal CEOE como Comisiones Obreras han mostrado inquietud por el programa presupuestario comunitario aprobado hace dos semanas.
El Gobierno británico, que actuó como organizador al ostentar la presidencia de turno, ya dejó claro meses antes cuál era su visión de la España actual de la UE. «España no ha contribuido todavía ni con un penique al presupuesto de la Unión», afirmó el responsable del Foreign Office, Jack Straw. El ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, le replicó que en España hay 300.000 británicos como residentes permanentes beneficiándose de los servicios e infraestructuras españolas. Y sostuvo que «lo malo de este debate es que se pone énfasis al saldo neto y eso es un error, la construcción europea no se basa en eso».
Pero según el propio Gobierno, sí se basa en el saldo. Es más, ha sido su objetivo esencial en la negociación presupuestaria.«Es relevante el que España va a continuar, que era un objetivo esencial del Gobierno, recibiendo en total de la Unión Europea más de lo que aporta; es decir, vamos a tener un saldo positivo en los próximos siete años», resaltó Zapatero pasadas las tres de la madrugada del 17 en su resumen de los acuerdos alcanzados en el Consejo Europeo.
La razón es que el Producto Nacional Bruto de España ha crecido un 1% en los últimos años sólo por las ayudas netas que procedían de la Unión Europea. Una cantidad inferior en términos proporcionales a la recibida desde Bruselas por Irlanda o incluso la antigua Alemania del Este, pero crucial para un país que se encuentra ya al filo de alcanzar el sueño de generaciones de españoles: la renta media comunitaria.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), España está ya a a menos de dos puntos de llegar a esa meta -al tener en cuenta, claro está, la ampliación al Este- e incluso la habría alcanzado ya si no fuera por el aumento de población experimentado en el país en los últimos años.
Zapatero ha subrayado este dato para justificar que, pese al recorte sufrido, «la UE ha vuelto a ser muy solidaria con España» al permitir que aún no se convierta en contribuyente neto. Su optimismo contrasta con el diagnóstico pesimista que apuntó el Ministerio de Exteriores en un memorando titulado The Spanish Problem. En él se calificaba la obtención de un resultado similar al logrado a la postre por Zapatero como de shock financiero para España por la pérdida de cientos de miles de empleos y paralización de proyectos de infraestructura que supondría el recorte presupuestario.
Las perspectivas para 2006 son aún favorables en las relaciones financieras con la Unión Europea. El saldo previsto será aún positivo en 7.106 millones de euros. El salto a la baja no comenzará hasta 2007, con elecciones anticipadas quizá ya celebradas, en que se prevén no más de 4.524 millones. Sin embargo, lo que no irá a la baja en 2006 será el déficit comercial español con la UE.
Con la economía española ante un crecimiento aún superior en dos puntos a la media comunitaria, el consumismo español atraerá importaciones de Alemania, Francia y de otros países que no podrán ser compensadas por las aún débiles exportaciones españolas.España es el único gran país de la UE que no logra superávits comerciales y el propio Navarro ha advertido que se beneficiará en menor medida que sus principales socios de la apertura al Este.
Socialistas que quieren menos presupuesto
El drástico recorte de los fondos ha comenzado a cambiar mentalidades en la Administración española. En el debate parlamentario del pasado día 23 se pudo escuchar, por primera vez, a un presidente del Gobierno español asegurar que era mejor que el presupuesto de la Unión Europea no suba demasiado para que España, que va camino de pasar de ser receptor neto a contribuyente neto, no tenga que aportar tanto.
Eso lo dijo un socialista, José Luis Rodríguez Zapatero. Y, paradójicamente, el que se quejaba del cicatero presupuesto comunitario aprobado -insuficiente para colmar la necesaria cohesión social- era el líder de la oposición, Mariano Rajoy, que en España critica que las cuentas públicas sean expansivas.
Las perspectivas son que, en la práctica, España rozará ya ser contribuyente neto a mitad de la próxima década. En ese momento, se alineará probablemente con los países más ricos de la Unión Europea para que Polonia y el resto de nuevos socios -no digamos si ingresa algún día Turquía- no arañen más dinero de las arcas comunes comunitarias. Todo eso siempre y cuando siga sin reformarse el sistema de recursos propios y no se cree un impuesto progresivo europeo. Con el sistema actual, los contribuyentes alemanes de clase baja subvencionan en la práctica a ricos terratenientes andaluces.
El Gobierno no ha dado batalla en el lado de los ingresos más que para recortar el cheque británico, y ha basado la negociación en lograr que las pocas ayudas que se reciban, sean de calidad.
«Puedo decirles que personalmente la consecucion de este fondo de dos mil millones de euros para España es, sin duda alguna, la mejor noticia de estas Perspectivas Financieras para nuestro país y la que personalmente más satisfacción me produce». José Luis Rodríguez Zapatero presentó así la que ha sido su aportación a la negociación del programa presupuestario comunitario 2007-2013, el nuevo fondo tecnológico.
En los regalos finales de Tony Blair para lograr los síes al acuerdo, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, logró un fondo de 1.900 millones de euros, para seguir subvencionando, una década más, regiones del sur de Italia y el español consiguió un fondo tecnológico de 2.000 millones sólo para España.
Aunque se produjo en un momento en que Reino Unido estaba dispuesto a repartir obsequios, con tal de no elevar en exceso el presupuesto ni recortar más el cheque británico, fue meritorio para el Gobierno arrancar este nuevo instrumento. Zapatero quiere que una de sus apuestas de final de legislatura sea la potenciación de proyectos de investigación, desarrollo e innovación y contar con esa financiación comunitaria apuntala sus planes. Además, ha anunciado que va a dar prioridad a proyectos de las comunidades españolas que más van a sufrir los recortes comunitarios por efecto estadístico, es decir, por su elevación súbita de renta simplemente por la comparación con los países del Este. Esa decisión puede granjear al Gobierno nuevos problemas con Cataluña y Madrid, donde existe más capacidad de absorción.

Escribe un comentario