La revista Time, que elige por estas fechas el personaje del año, ha decidido dedicar su portada a Bill y Melinda Gates y a Bono (el cantante de U2, que no hay que confundir con el ministro de ZP). La publicación los ha elegido por su condición de buenos samaritanos, que es el título que acompaña a los tres rostros. El trío de premiados lo son no sólo por sus obras de caridad, sino por sus esfuerzos por reducir la pobreza y las enfermedades desde una perspectiva que trata de ser sostenible. En la bolsa de la popularidad norteamericana bajan los que quieren cambiar el mundo a bombazos y suben los que desean transformarlo con óbolos.
El matrimonio Gates y Bono suceden en los honores de primera plana a George W. Bush en el 2003 y al soldado estadounidense en el 2004. Es curioso el cambio en la sensibilidad de los responsables de la publicación, que han pasado de preferir a los héroes bélicos a apostar por los paladines de la solidaridad. El orgullo estadounidense por la intervención en Iraq es cosa del pasado, tras muchos meses de comprobar que suben los presupuestos de Defensa pero no baja la violencia contra sus tropas. Además, este año que acaba los estadounidenses han podido constatar cómo el huracán Katrina demostraba en Nueva Orleans que son un imperio con pies de barro, en el que el desvío de partidas en guerras exteriores ha supuesto un recorte en las inversiones para ganar las batallas interiores. La Casa Blanca, que despreció la ayuda extranjera, terminó por agradecerla tras la incapacidad de dar respuesta a los efectos del ciclón.
Corren malos tiempos para la épica. Los norteamericanos han podido darse cuenta de que la solidaridad no es un argumento de políticos radicales para debilitar el sistema. La distinción al presidente de Microsoft y su esposa es el reconocimiento al matrimonio más rico de la Tierra, que ha conseguido convertirse en el más caritativo al dedicar 25.000 millones de dólares a su fundación, que ha salvado más de 700.000 vidas humanas en países pobres y que invierte en un estudio sobre vacunas que no necesiten refrigeración ni agujas hipodérmicas. En el caso de Bono, el galardón también está justificado, pues preside la organización DATA (siglas inglesas de Deuda, Sida, Comercio y África) y dejó sentir su voz en la cumbre de Escocia del G-8 en la que se aprobó la condonación de la deuda histórica de los países más pobres del planeta.
A estas alturas nadie se atreve a acusar de hipócritas sociales a los apologetas de la solidaridad, sobre todo cuando hasta la conservadora Time les dedica su portada.

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