CON INDESEABLE frecuencia ven la luz análisis que prevén -y proponen-un futuro idílico en las relaciones entre EE.?UU. y la Unión Europea. Sin embargo, dichos análisis suelen estar lastrados por prejuicios políticos e ideológicos y tienden a obviar las realidades económicas, comerciales y estratégicas que explican la fuerte rivalidad y la pugna, sorda pero implacable, que enfrenta a las potencias de ambos lados del Atlántico.
Un ejemplo paradigmático que ilustra bien la naturaleza de las relaciones trasatlánticas lo constituye la puesta en órbita del primer satélite del futuro sistema de navegación europeo, acontecimiento que justificadamente ha merecido la atención de los principales medios de comunicación del planeta. El proyecto Galileo, además de un éxito indiscutible de la industria aeroespacial europea, representa el fin del monopolio norteamericano sobre las comunicaciones por satélite y un paso sustantivo hacia la independencia militar de la Unión Europea. Por eso los diferentes gobiernos norteamericanos pusieron durante años todos los obstáculos posibles al proyecto.
Pero Galileo no es el único contencioso que hace crujir las relaciones euro-norteamericanas. Airbus no sólo ha retado a EE.?UU. en un campo en el que ejercía un virtual monopolio, sino que ha desplazado a Boeing como principal fabricante de aviones comerciales, y con el superavión A-380 se dispone a dar el golpe de gracia a la compañía norteamericana, desbancando al mítico 747 como el mayor avión de pasajeros del mundo.
De todas formas, la principal controversia afecta a la rivalidad entre el euro y el dólar, símbolo del poder estadounidense. En el año 2001, el dólar representaba el 70% de las reservas internacionales; en el 2004, la tasa de reservas en dólares bajó al 60%. Simultáneamente, el fortalecimiento del euro no cesa de crecer. Irán pasó el 35% de sus reservas de dólares a euros y Arabia Saudí retiró hacia el euro 100.000 millones de dólares de los 700.000 que el país árabe tiene en EE.?UU., mientras China y Rusia aumentan sus reservas en euros y la OPEP sigue la cotización del euro respecto al dólar para fijar el precio del crudo, en una eurización paulatina y encubierta del petróleo. Si el proceso continúa, EE.?UU. puede perder, a causa del euro, su dominio sobre las finanzas mundiales y su control sobre el FMI y el Banco Mundial.
Así pues, idílicas no parece ser el calificativo adecuado para describir el incierto futuro de las relaciones entre EE.?UU. y la UE. Cuando Europa coordina sus iniciativas políticas, económicas y científicas, el margen de maniobra de EE.?UU. se reduce de forma drástica. A esta axiomática conclusión llegaba Kissinger en su último libro. Sería conveniente que los líderes europeos tomaran buena nota de la reflexión del ex secretario de Estado norteamericano y cambiaran la posibilidad de ser reyezuelos en su aldea por la suerte incierta de ser alguien en el mundo.

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