Que la suerte de Oriente Próximo es vital para el equilibrio geopolítico y económico del planeta es algo tan obvio como inquietante. Porque se mire por donde se mire, la marcha de las cosas en esa zona del mundo no es precisamente tranquilizadora. Y a la ya habitual lista de crisis --encabezada por la de Irak y por el conflicto palestino-israelí--, en los últimos tiempos se ha añadido un fenómeno imprevisto y, cuando menos, descontrolado: la creciente fuerza electoral del fundamentalismo islámico. La estrategia de George Bush se ha visto arruinada por esa dinámica aparentemente imparable: su presión sobre los regímenes autocráticos árabes para que se democratizaran ha producido ese resultado.
El FINANCIAL TIMES ha resumido lo ocurrido: "Toda mínima apertura ha confirmado lo que los liberales árabes debían de haber previsto hacía tiempo: que los movimientos islamistas son la única oposición de peso a los actuales gobernantes. Bastantes años después de que los políticos y los expertos declararan que el islamismo político había fracasado en su intento de reformar el orden político de Oriente Próximo, los partidos islamistas vuelven a mostrar su influencia. El impresionante éxito de los Hermanos Musulmanes en las legislativas egipcias de este mes es el último indicador de un resurgimiento que durante todo este año se ha verificado desde el Golfo hasta Levante. Este verano, el movimiento libanés Hizbulá consolidó su posición de liderazgo de la comunidad shií. Por primera vez se espera que Hamás logre un buen resultado en las legislativas del próximo enero. Las elecciones iraquís son un caso aparte, pero, con todo, han sido los islamistas los que han ocupado el vacío político creado por la invasión". Y ahora, la opinión del diario: "A la vista de lo anterior, algunos intelectuales liberales árabes se han unido a sus gobiernos para pedir a EEUU que rebaje su entusiasmo por la democracia. Pero eso sería un grave error. Los islamistas son parte del futuro de la región y su participación sigue siendo el mejor modo de que moderen sus puntos de vista. Y la presión internacional debe dirigirse a que esos regímenes se reformen y sean más honestos y responsables. Porque cuando sólo se puede elegir entre un régimen corrupto y un partido islamista que sin antecedentes de gobierno promete justicia social, muchos votantes pueden quedar inevitablemente subyugados por la utopía de un mensaje religioso".

Lo que viene ahora nada tiene que ver con lo anterior, pero merece la pena. Es una cita del editorial que THE ECONOMIST ha dedicado a lo que el semanario ha llamado "gerontocapitalismo": "Sólo dos quintos de los europeos entre 55 y 64 años trabajan. Incluso en Estados Unidos, no lo hace un tercio de ellos. El contraejemplo se produce en las presidencias de los gigantes empresariales. A sus 88 años, Kirk Kerkorian no sólo es uno de los mayores magnates de la hostelería y las línea aéreas, sino que acaba de comprar el 10% de General Motors. A los 74, Rupert Murdoch acaba de lanzar una atrevida estrategia para su News Corporation. A los 82, Summer Redstone, el gran jefe de Viacom, ha sido más listo que sus rivales y acaba de hacerse con los estudios DreamWorks. Los mortales corrientes pueden sacar algunas lecciones de ello: una, sé tu propio jefe y nadie podrá despedirte. Dos: nunca te retires porque eso pudre el cerebro. Es obvio que la avaricia es buena, pues mantiene joven".