Tengo estos días la autoestima más subida que el colesterol que voy a tener cuando acaben las fiestas. Ahí es nada: España entre los grandes. Ya veo a nuestro Rodríguez Zapatero repantigado en la silla, con su sonrisa impertérrita, ganas de cerrar temas a toda pastilla, y presto para la foto de familia del G-8, el elitista club al que dicen que deberíamos pertenecer ya por nuestros propios merecimientos. Y es que nos lo hemos ganado. Nuestra economía va viento en popa, crece más del doble de lo que lo hace Europa; somos uno de los países más abiertos al exterior y además unos inversores de lujo, el cuarto de todo el mundo que más dinero está poniendo fuera de sus fronteras. Y si piensan lo que creo que están pensando se están pasando de listos, porque ese dinero no va a Suiza o a paraísos fiscales, que no, que está sirviendo para expandir nuestras empresas.Fíjense, por ejemplo, en la compra del Abbey por el Santander, en la de O2 por Telefónica, etc. Por todas esas razones y porque nuestro país ya ha superado a Canadá en el famoso PIB (Producto Interior Bruto), nos hemos convertido en el octavo país del mundo, por lo que en teoría nos tendrían que hacer un hueco en ese privilegiado club. Merecemos estar ahí, con los grandes. Ya no somos una piltrafilla en el concierto económico mundial y nos lo han de reconocer.Pues va a ser que no, me dicen algunos amigos descreídos, que de todo tiene que tener uno en la vida. Ese selecto y reducido casino no tiene estatutos y no se entra tampoco por méritos, sino por que lo deciden los que están y, hoy por hoy, no parece que tengan mucho interés en añadir miembros. Cuantos menos seamos, mejor nos llevaremos, pensarán. Bueno, lo que ocurre, les digo a los escépticos, es que hay mucho espíritu de Osasuna, que va segundo al acabar la primera vuelta de la Liga y sólo piensan en evitar el descenso. Con esa falta de horizontes no conseguiremos ni entrar en el dichoso G-8 ni forjar la alianza de civilizaciones, en lo que tanto empeño están poniendo nuestros gobernantes. Y eso que en lo del G-8 parece que sea en lo único que coinciden Aznar y Zapatero. Pero contra lo que podamos quizás creer usted y yo, resulta que los incrédulos son muy numerosos en este país.Así, por ejemplo, resulta que, frente a esos maravillosos datos sobre nuestra economía, hay un 51% de españoles que cree que la situación económica general ha sido peor este año y un 34% va aún más allá opinando que la cosa irá a peor, según ha publicado recientemente la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS). A estas alturas del artículo, empiezo a pensar que tienen todos un poco de razón. Hay otra cosa que cuenta en la economía y es la percepción que se tiene de lo que está sucediendo y es posible que muchos ciudadanos se dejen arrastrar por cuestiones más subjetivas.Recuerdo una anécdota que le atribuían a Miquel Roca, cuando éste estaba de diputado en Madrid. En un puente aéreo, el político coincidió con un empresario y le preguntó que cómo veía la situación.El hombre empezó a decirle que fatal, que las cosas no iban bien, que si la inflación, que si los bancos, que los impuestos Roca empezó a sentirse abrumado y para cortar la conversación le preguntó directamente: «Y a ti, ¿cómo te va?». El empresario cambió radicalmente el tono y la cara: «Ah, no; a mí me va estupendamente». Más allá de la anécdota, también podría acabar siendo verdad que el 2006 fuera un año peor que este 2005 que dejamos: habrá que pagar más por la hipoteca y el crédito de la VISA y como ya no queda mucho más sitio para construir, pues quizás se nos pare el motor. Pero eso será como pronto el año que viene y antes hay que despedir el 2005: Felices fiestas, pues.