Como si de la criatura de Frankenstein se tratase, el campus de Mieres sigue con su paso indeciso, mas lo único que el monstruo hace es crecer pero no mejorar, desde su nacimiento está abocado al más estrepitoso de los fracasos. Es cierto que en las Cuencas puede haber una población universitaria considerable, pero apenas ninguno de esos universitarios siente interés por lo ofertado en el campus de Mieres, y, siendo evidente que ninguna de las titulaciones más solicitadas será cedida a Mieres ¿a qué ha venido tan faraónica obra?

Como por lo visto el problema es de falta de espacio se anuncia, ahora, una nueva ampliación, y nadie se acuerda de que hace un tiempo el alcalde de Ponferrada pasó por aquí y al ver el campus se quedó boquiabierto, pues por una tercera parte del coste, en Ponferrada habían levantado un campus que triplicaba al asturiano en resultados.

El campus de Mieres es necesario para que los jóvenes de las Cuencas no tengan que salir fuera a estudiar, ¿Y por qué no ponemos una Torre Eiffel en Sama, un Vaticano en Ujo... para que los turistas de las Cuencas no tengan que salir fuera? Recuerdo que en Alemania si un estudiante no puede entrar en la Universidad de su comunidad --allí las llaman «lander»- está obligado a irse a otra, y nadie se queja, es más, le va muy bien; pero claro, para ello existe un adecuado sistema de becas, aquí tenemos las del MEC y las «becas mineras», cuya política de adjudicación escapa a las leyes de la probabilidad, pero eso es otra historia.

Además ¿es labor de la Universidad reactivar las Cuencas? ¿Cómo se supone que habrá de hacerlo? Siguiendo con el símil de Frankenstein se supone que el doctor dio vida a la criatura porque él estaba muy vivo, sin embargo la Universidad está moribunda: cada vez tiene más alumnos, algunas titulaciones están a punto de desaparecer y tiene que enfrentarse a una difícil convergencia de titulaciones a nivel europeo, si todo eso es de por sí peliagudo, aún lo será más si destina recursos, cerebros y tiempo a pelear para dar vida a un feto que nació médicamente cadáver. La Universidad, como mucho, se centrará en formar profesionales -y no es una ironía- que sí podrán hacer algo para ayudar a la reactivación.

Así que lo mejor es dejar de tirar el dinero y leer «Frankenstein o el moderno Prometeo» para saber qué hacer y qué no hacer con estas criaturas monstruosas que de vez en cuando nos empeñamos en crear y que luego no hacen más que comer y molestar.