Esta temporada mediática que se cierra concluye con las amenazas del Gobierno a través de los consejos audiovisuales de la televisión, más los tribunales y los códigos deontológicos de ciertas asociaciones de periodistas que desconocen lo que es en verdad la libertad de expresión. Pero el deterioro de esta profesión, salvo excepciones que van hacia arriba, empieza por la caída en cascada de ciertos líderes de cartón, los que tarde o temprano iban a mostrar la peana que desvela la falsa divinidad, y que han sido ahora los santos inocentes de esta ocasión.

Así los inocentes de la temporada han sido este año parte destacada de las camadas felipista y aznarista de los medios de comunicación cuyas cabezas han rodado o están por rodar tras fracasos más o menos estrepitosos. Ahí está María Teresa Campos, hundida en las mañanas de Antena 3 TV por Ana Rosa Quintana desde Telecinco y con la ayuda de la ordinaria Terelu y el Pimpi dando el cante erótico y soez. La Campos, después del más hortera marujeo mezclado con el uso de la publicidad personal, ahora nos quiere hacer análisis políticos (sic).

Para eso y a la orden del que manda, y si es nacionalista catalán con más motivo, está Luis del Olmo, y a no perder de vista a otro catalanista, Antonio Franco, quien tras haber fracasado en la caza de La Sexta TV tras hacerle la pelota a ZP y Maragall —dejando en pañales al Grupo Z— peligra en su cargo de El Periódico, donde actuaba como el dueño y señor. Pero volvamos con Del Olmo, el abuelo con su estatua y con su nueva cadena Punto Radio, donde está fracasando de una manera estrepitosa camino de un penoso final por no retirarse a tiempo, como el que fue en su día su ídolo político, el General.

Del Olmo va echando pestes de sus socios de Vocento diciendo que no saben nada de radio ni de periodismo y que son los culpables del fracaso. Pero los de Bilbao, en los que sólo manda Bergareche o Berberecho, no dicen ni pío porque bastante tienen con lo del ABC. El fracaso del que fuera el director relámpago sevillano, Ignacio Camacho, progre reconvertido a la monarquía cuya ignorancia en esto del periodismo nacional fue similar a su osadía a la hora de desembarcar en Madrid.

Pero en todas partes cuecen habas, porque Anson ha roto con La Razón y ha dejado todos sus cargos y su Canela Fina diaria para seguir de colaborador alternativo, suponemos que a la espera de cobrar su finiquito, o a la espera de montar otro diario, La Nación, si para ese viaje encuentra llenas las alforjas.

Aunque el mayor fracaso o mayor porrazo se lo han dado los de Polanco en La Cuatro de TV, donde las audiencias están bajo mínimos y donde su estrella, Iñaki Gabilondo, se ha dado un histórico batacazo preso de la soberbia y del mal de altura que ahora lo ha sumergido en el desconcierto y la depresión, sin saber qué hacer: si un telediario de una calidad e independencia (tarde para él), o si una soflama militante al estilo de la SER y camino de la COPE, donde Federico Jiménez Losantos, el que fuera su competidor en el campo radiofónico, camina por la cuerda floja de la Conferencia Episcopal y sufre una depresión infernal porque no comprende lo que le pasa ni sabe lo que ha hecho.

Motivo por el cual ya se habla de relevos para el 2006 en radio y en televisión, y eso que aún está por llegar. De momento unos inocentes, que no lo eran tanto, han pagado el pato en el año que se va. Eso sí, la mayoría de ellos con los bolsillos llenos, aunque para ellos eso no es suficiente y porque además, por soberbios que sean, a nadie le gusta caer por el suelo y fracasar.