Zapatero ya le presta cromos al amiguito americano, ya se junta con Bush. No sabemos cómo ni por qué, pero se le ha pasado el berrinche que le llevó a no levantarse de la silla ante la bandera de las barras y estrellas y a aconsejar a otros miembros de la coalición que retirasen las tropas de Irak. Durante los últimos años, las decisiones de la política exterior española recuerdan las peleas de unos críos en el colegio. Ahora no te junto, ahora sí. Ahora me llevo mis soldaditos, ahora te dejo un barquito para que juegues con él.
Por lo visto, Zapatero, Bono, Moratinos y demás pacifistas de cóctel consideran que una cosa son las tropas de tierra y otra, la marina y las armas aéreas. Yo no sé dónde hizo la mili Zapatero, o si la hizo o no, pero no acabo de entender por qué si llevas gorrita de plato en vez de casco o si vuelas en helicóptero, eres menos soldado. Estaría bien que, por respeto a esos millones de manifestantes que dijeron no a la guerra y que exigieron el regreso de nuestras tropas de Irak, el presidente fuese al Congreso para explicar qué puñetas pintaba una fragata española haciendo maniobras en mitad del Golfo Pérsico al lado de un portaaviones estadounidense. Más que nada, para distinguirse de Aznar. Tampoco estaría de más que explicara por qué tenemos que enterarnos de estas cosas siempre por los periódicos. En mi reducido caletre sólo caben dos conjeturas: o mentían (y mienten) como bellacos o también ellos se han enterado por los periódicos.

Cabe una tercera conjetura, escalofriante, y es que verdaderamente Zapatero y su cuadrilla crean que marineritos y aviadores no son soldados. En el mundo esquizoide y blandengue de Zetapé (que es como el columpio celestial de Heidi) todo es posible, todo se reduce a binomios que hunden sus raíces en los recuerdos de la infancia. Es muy probable que, del mismo modo que Bush atacó Irak para librarse de un complejo paterno, Zapatero haya resucitado los fantasmas de la Guerra Civil sólo para hablar con su abuelo.El problema de la política española es que nuestros dirigentes no se dedican a arreglar la Historia: con arreglar su biografía ya tienen bastante. Más que el tono sensato y reposado de la historiografía que merece nuestra Guerra Civil, el presidente ha puesto en pie un debate que parece una ouija, una mezcla entre sesión espiritista y diván psicoanalítico. Para explicar el incidente de la fragata debería estudiarse no sólo dónde hizo la mili Zapatero sino si hizo la primera comunión vestido de marinerito.

Todo es posible para una gente que ha apuntado el helicóptero derribado en Afganistán, y los hombres que murieron en él, a un accidente por una racha de viento. Una vieja tradición de la política imperial española, desde los tiempos de la Armada Invencible: no fuimos a luchar contra los elementos. No, ahora vamos sólo a repartir bocadillos, a cambiar cromos y a jugar a los barquitos.