LA SELECCIÓN natural de las especies incluye también la acción depredadora del hombre. Hay especies a proteger y hay riesgos de sobrepoblación. También el hombre debe protegerse.

Hoy es el día de los inocentes. Para que exista la verdadera inocencia ha de existir la maldad o la intención de engañar. Las víctimas de una catástrofe natural no son víctimas inocentes, porque la naturaleza sólo sabe crear víctimas. Pero hoy es un día en el que debemos estar preparados para todo. Ahora ya no se lleva que los periódicos y los medios de comunicación jueguen con la credulidad del público. Pero si vamos a analizar cualquiera de las noticias de este periódico que usted tiene entre las manos y dejamos a un lado aquellas que el buen gusto o la tragedia impiden que nos las tomemos a broma, constataremos que muchas de ellas podrían ser una verdadera inocentada, una hipérbole de hacia dónde lleva lo políticamente correcto.

Lo políticamente correcto, por ejemplo, establece que en la ciudad de Barcelona no se pueden usar animales como los leones marinos en un circo de época como el Circ Raluy. Ésa no es una noticia de hoy. Pero en el otro aspecto de lo políticamente correcto se encuentran cosas realmente importantes como son la reintroducción en sus hábitats de ciertos animales que algún día señorearon la Tierra. Es bueno que estemos de nuevo todos juntos. El lince, el lobo, la tortuga, el oso, el buitre leonado o el quebrantahuesos estaban a punto de desaparecer y ahora se están haciendo planes para reintroducirlos o simplemente para salvarles de la extinción. Naturalistas de renombre y de buenas intenciones han conseguido que la nutria haya regresado al río Tordera, como signo de la calidad ambiental, y se habla de que un elegante ibis podrá sobrevolar los llanos de Lleida.

Pero de pronto nos llega la advertencia de que la Costa Brava volverá a ser repoblada en los próximos años con la mediterránea foca monje, un animal que en edad adulta puede alcanzar los tres metros y los 400 kilos de peso. En la actualidad quedan poco más de 600 ejemplares de esta foca conocida científicamente como Monachus monachus y en el litoral catalán como llop marí. Las focas se fueron de la Costa Brava o los pescadores las cazaron y acabaron con ellas. Y no por divertimento de cazadores, sino por un simple hecho económico. Cada uno de esos animales adultos necesita 20 kilos de pescado y de crustáceo al día para ir tirando. La ley del mar es lo mismo que la ley de la selva, pero en mojado. O comes o eres comido. Pero a las focas que se van a introducir en el Mediterráneo ya nadie las comerá, porque no hay depredadores que garanticen el equilibrio. España es el segundo país más ictiófago del mundo después de Japón. La foca, apartada de los circos y reintroducida en un mar para ella inofensivo, se convierte en nuestra competidora directa a la hora de degustar las merluzas de Roses, las gambas de Palamós o el mero de les Medes. A veces lo mejor es enemigo de lo bueno y el país de las maravillas acaba siendo el resultado de algunos aprendices de brujo dispuestos a devolver el estado del mundo a cuando todavía no ha aparecido el hombre. Pero el hombre apareció. Y encontró el sabor de la carne y las proteínas del pescado. Y entendió que la foca era más rápida y más voraz. Eso, mal que nos pese, también es ecología.