Ayer pasó por Madrid el director de la Comédie-Française, Marcel Bozonnet. Está dando una vuelta por nuestro país, siguiendo las huellas del mejor momento de nuestra cultura, el Siglo de Oro.Quiso darse una vuelta por Almagro, ¡tan lejos de Madrid!, y ver su mítico Corral de teatro. Ha visto también los nuevos teatros de El Escorial, más cerca de la capital de España. Ha visitado algún otro escenario en el mismo Madrid.
Tras la presencia en las últimas ediciones del Festival de Otoño de El enfermo imaginario y de El mentiroso, de Molière y Corneille, respectivamente, contempla la posibilidad de traer su exitoso montaje de El Tartufo, para muchos, uno de los mejores de la gran obra de Molière. Se encuentra con problemas para ubicarla adecuadamente aquí.

Bozonnet se dará perfecta cuenta de nuestras pobres infraestructuras.Y si quiere ver montajes de nuestro teatro -como se hacen en su casa, del 2 rue de Richelieu, en Paris 1er., del teatro francés-, se dará perfecta cuenta de otras pobrezas nuestras. Claro que su casa, además de fundarse en 1680, un año antes de la muerte de Calderón, tiene tres sedes, y ha programado para esta temporada más de 30 espectáculos. Hoy, por ejemplo, se pueden ver en la sala Richelieu, a las 14 horas, en una matinée, El Cid, de Corneille, y a las 20.30, Fábulas de La Fontaine, con dirección de Bob Wilson.¡Y otros dos espectáculos en Vieux-Colombier y en el Studio-Théâtre!

En fin Al hilo del paso de Bozonnet por Madrid, hablamos de la insuficiencia del teatro en nuestra capital en relación con París. Pero podríamos comparar nuestra situación teatral con la de Londres y saldríamos todavía peor. Y lo mismo podíamos hablar de las demás artes. No nos engañemos. Pensar que Madrid es una de las grandes capitales culturales del mundo es cerrar los ojos a la realidad.

El Madrid esplendoroso fue el del Siglo de Oro. En aquel momento la cultura española interesó fuera de nuestras fronteras y talentos de otras latitudes tenían Madrid como faro o como destino. Después, poco más. Con sus limitaciones, en las casi cuatro décadas que van del 98 al 36 se produjo un renacimiento truncado por la Guerra Civil. Luego , la movida.

¿Dónde estamos? Hay circunstancias de base que impiden ver el inmediato futuro con optimismo. El ciudadano se nos ha convertido en consumidor. Nos alejamos de nuestras raíces -hablo de Lope o Velázquez, de Unamuno o Picasso- y nos subimos al carro del consumo basura. Sánchez Asiaín suele decir que en cultura la oferta es la que crea la demanda. En nuestra cultura, la demanda de entretenimiento, hasta en las artes más selectivas, supera a la oferta de riesgo y de calidad. Las circunstancias no son propicias, lo sabemos: un lamentable estado de los estudios de las Humanidades, un creciente basurero en nuestras cada vez más amplias ofertas televisuales, una progresiva banalización de los productos culturales que se generan al pairo de la globalización o la conversión de los ejes centrales de la capital en parque temático mientras la ciudad se fragmenta, son realidades dignas de analizar.

No es un momento fácil para la cultura, pero tenemos que resolverlo.Nos jugamos mucho. En España, sobre todo. El mal entendimiento de los factores de identidad puede dar al traste con nuestras más hondas raíces culturales. Y por ello es imprescindible que desde la iniciativa pública se mida bien lo que se hace. Además, la política de subvenciones ha hecho que la empresa privada arriesgue cada vez menos. Se pierden espectadores en el cine, se pierden en el teatro, se pierden lectores, se pierden amantes de la cultura.Y la empresa cultural pública está en las acciones de escaparate.Pocos arriesgan. Y como dice Sánchez Asiaín, en cultura la oferta -el riesgo- crea la demanda.

¿Madrid, capital cultural? Repasemos lo que ahora mismo podemos ofrecer a un ciudadano de París o de Londres. Y ésa es la respuesta.¡El Prado, claro! ¡El Guernica, claro! ¿Qué más? Y lo mismo el resto del año. ¡Hasta en verano! Decimos que no queremos un turismo al que sólo le interese el Sol y la sangría. ¿Qué tenemos para ofrecer? Bueno, a veces un espectáculo que ya se ha visto en París o Londres

Y, mientras, hay jóvenes creadores que, como los investigadores, se tendrán que marchar fuera para triunfar. Como nuestros futbolistas.Como Alonso. Como tantos. El secreto, cultivar lo nuestro. Del pasado, de Lope a Samaniego, sin miedo. Y del presente, una nueva re-generación, con riesgo.