VENÍA a decir el otro día Juan Neira, estudioso y entendido en asuntos comunitarios, acerca de la negociación de los fondos europeos en Bruselas, que el resultado final obtenido, aunque decepcionante, se movía dentro de lo que en una hipótesis racional se hubiese obtenido, negociase quien negociase. Ese determinismo, tan útil para otros aspectos de la realidad, no considera, sin embargo, el factor humano anejo a toda negociación y tampoco incluye la importancia de elegir la estrategia negociadora correcta.
El mal resultado final de las Perspectivas Financieras para España y Asturias no se fraguó el pasado 16 de diciembre a altas horas de la noche, sino año y medio antes, cuando el recién estrenado Gobierno Zapatero decide cambiar de arriba abajo la estrategia europea de alianzas pacientemente formada por el anterior presidente del Gobierno, José María Aznar, con el brillante argumento, luz y guía de toda su acción de gobierno posterior, de hacer lo contrario en todo a lo que el Gobierno del PP hacía.
Con su enorme ligereza habitual, universalmente conocida ahora, pero entonces por descubrir, Zapatero desdeñó la conexión ya existente entre todo el bloque de estados miembros que podían encontrarse en una situación perdedora de cara a una negociación financiera, es decir, entre aquellos que tenían realmente algo que perder. No era sólo España, sino todo el bloque del Este europeo, con Polonia a la cabeza; eran Grecia, Italia y Portugal, poco reivindicativos, pero tradicionales aliados de la estrategia española y era, naturalmente, aquel otro estado miembro que podía perder gran parte de su ventaja europea, es decir, el Reino Unido y su famoso 'cheque'.
A cambio de abandonar ese bloque, Zapatero se abandonó en brazos del eje franco-alemán, que tenía como principal objetivo en la negociación el disminuir la aportación al Presupuesto de la Unión reduciendo para ello la contribución al 'cheque británico'. Todo ello muy loable si uno es alemán u holandés pero completamente innecesario si uno es español y quiere mantener sus fondos estructurales mediante un presupuesto comunitario elevado.
Una alianza con todo este bloque hubiese permitido elaborar una estrategia distinta, más flexible y con más oportunidades de limitar pérdidas masivas. Recordemos que de la propuesta inicial de la Comisión Europea, en febrero de 2004, al acuerdo final de la semana pasada median poco más de 140.000 millones de euros, lo que expresado en términos de renta comunitaria es irrelevante. El Gobierno Zapatero falló al centrar la discusión en el lado financiero, olvidando que el fondo del problema era puramente político.
Al aislar políticamente a Reino Unido y al no defender las demandas polacas, sobre todo, España se encontró sola en el lado de los que perdían en el acuerdo, ya que los ingleses sólo podían aceptar reducciones en su 'cheque' si al mismo tiempo se reducía la cuantía global del Presupuesto y, con ello, la partida estructural y de cohesión. Más aún, al diluirse la posición española en el forcejeo franco-británico, nos encontramos fuera del teatro principal de operaciones y sin que nadie prestase atención al 'problema español'. Exactamente lo contrario de lo que sucedió en Berlín en 1999, donde Aznar se situó en el centro de la negociación y recibió por ello unas cifras finales de fondos inmensamente superiores a las previstas al comenzar las discusiones.
El factor humano interviene dramáticamente en una ronda de negociaciones financieras entre 25 jefes de Gobierno. Cuando uno se sitúa en el centro de la discusión, utilizando los codos si es necesario (y nadie pone en duda que Aznar en su momento lo hizo) se obtiene un resultado satisfactorio. Sin tanta sonrisa, sin tanta frase amable. Recordemos lo expresado por el anterior canciller alemán G. Schroeder diciendo a voz en grito a sus colaboradores, a altas horas de la madrugada, que no quería volver a discutir de dinero con Aznar nunca más. Pero Aznar volvió a casa con los intereses españoles bien defendidos.
¿Puede volver así Zapatero? Por mucho triunfalismo que muestre en el Congreso de los Diputados, la verdad la sabemos él y el resto de los españoles: no.
No se puede considerar un éxito dejarse en la gatera 40.000 millones de saldo favorable a España que van a financiar más de un cuarto del dinero de la ampliación, (Polonia va a recibir 60.000 millones en los próximos siete años). No es un éxito que las ayudas al desarrollo rural vayan a reducirse en un 50%. No lo es tampoco que sus regiones 'efecto estadístico', siempre Asturias, se vean discriminadas frente a regiones alemanas o austriacas. No lo es, y volveremos sobre ello, que Zapatero haya aceptado que se revise la Política Agraria Común en el año 2008, lo que va a traer la cofinanciación de las ayudas al campo español y con ello la reducción que tanto temen los sindicatos agrarios.
Y al final, en la pedrea de las compensaciones, obtenemos algo del fondo tecnológico, que ya veremos cómo se concreta y dónde, y una ayuda de cohesión abiertamente insuficiente como para cubrir las pérdidas de la partida de fondos estructurales. La promesa de Zapatero de utilizar políticamente el remanente del fondo de cohesión puede abrir un peligroso precedente en la financiación de las regiones. ¿Daremos más a Asturias detrayéndolo de lo que le toca a Cantabria?
El factor humano funcionó decisivamente en Bruselas. Por ese factor Blair consigue mantener el 'cheque' y endosar la cuenta a los españoles. Por ese factor, Angela Merkel se corona reina de la Unión, salva la cumbre y ahorra dinero de sus contribuyentes. Por el mismo, Chirac salva su última gran cita europea garantizando la paz con sus agricultores. Por el factor humano, y sin el par de argumentos que según Neira le faltaron a nuestro presidente del Gobierno, nos volvemos de la cumbre asturianos y españoles, pelados, paganos y, eso sí, simpáticos. ¿Cara nos sale su simpatía, señor presidente!
SALVADOR GARRIGA POLLEDO/EURODIPUTADO DEL PARTIDO POPULAR

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