Como el español medio, de Juan Neira en El Comercio
El Rey ha pronunciado el tradicional mensaje de Nochebuena, en una hora plana de noticias, con la atención nacional divida entre el mensaje real y la preparación de la cena. En el discurso del 24 de diciembre Don Juan Carlos reflexiona, habitualmente, sobre el año que termina, así que de una forma expresa o implícita siempre están presentes los grandes asuntos de la actualidad política, social y económica española.
En esta ocasión, el jefe del Estado ha hecho una llamada a superar las tensiones territoriales por la vía del diálogo y el respeto a la Constitución. Esta recomendación ha sido acompañada de una mención hacia los partidos constitucionales para que perseveren en su trabajo por el interés general. No hay que ser un experto en hermenéutica para comprender que detrás de esas reflexiones está el 'Estatut', su elaboración y contenido. No acaban en Cataluña las tensiones territoriales, porque estamos en pleno apogeo del nacionalismo, y en cada trozo de geografía habita un líder político que aspira a recibir trato de lendakari. Lo que ocurre es que en la actual legislatura la comunidad autónoma que trata de abrir camino hacia una España federal o confederal es la catalana. Don Juan Carlos aconseja la vía del diálogo, que es la utilizada en el caso del 'Estatut', aunque no es un diálogo que comprenda a todos, ya que el PP no participa en el mismo. Tampoco está claro que la negociación se atenga a la letra de la Constitución, porque el 'Estatut' aprobado por el Parlamento catalán vulnera la Carta Magna desde las primeras líneas del preámbulo. Más problemática es la apelación al interés general, dado que ese interés estaría mucho mejor defendido dejando en vigor el actual Estatuto de Autonomía de Cataluña, sin tocar una coma.
Las palabras del Rey, como las que pronunció don Felipe de Borbón en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, responden mucho mejor a la forma de pensar del español medio que el plan del Gobierno por llegar a un nuevo diseño territorial de la mano de nacionalistas independentistas que se mofan todos los días de la Constitución y de España. La gente quiere moderación, concordia, consenso, sosiego, etcétera; algo muy difícil de lograr con la tribu de Carod-Rovira.
