El solsticio de invierno corresponde a la muerte y resurrección del sol. Muchos pueblos antiguos pensaban que el periodo de 12 días, entre los meses de diciembre y enero, entre una lunación y otra, llamado por algunos el mes pequeño, sobraba. Las deidades descansaban porque no tenían nada que hacer durante ese tiempo fuera del tiempo. Mitra, dios protector del orden cósmico, de la justicia y garante de la paz, salió de su roca, en presencia de unos pastores, el 25 de diciembre y, al instante, se lanzó a la persecución del toro sagrado, símbolo de fecundidad, al que hizo trizas a instancias del sol. La fuerza vital del toro liberada dio nacimiento a la flora y a la fauna. Después haber pasado su larga vida haciendo el bien a los suyos, conducirá a los creyentes a la vida eterna por un río de fuego. El mito continua diciendo que subió al cielo al final de un banquete al que había invitado a sus seguidores. Su culto, del que, más tarde, se había de apropiar Zaratrusta, y que entró en el imperio romano de la mano de los legionarios, tenía como finalidad arrancar a la Humanidad de las garras del mal. Constantino el Grande acabó con él al declarar el cristianismo religión oficial. El 17 de diciembre daban comienzo las celebraciones de las saturnalia.Entre otras cosas, Saturno es el dios de las sementeras y de las cosechas.
Precisar el año del nacimiento de Jesús es tarea punto menos que imposible, precisar el día es absolutamente imposible. Dionisio el Pequeño, un monje del siglo VI, restó los 30 años que, según Lucas, tenía Jesús cuando empezó su vida pública, de 779 de Roma, el año 15 del imperio de Tiberio (Lucas 3, 23). El resultado, 752, es el año del nacimiento de Jesús. Pero Mateo, y Lucas también, lo sitúan un poco antes de la muerte de Herodes el Grande (Mateo 2, 1.19; Lucas 1, 5) que ocurrió en Jericó, días antes de la Pascua del 750 de Roma. Hay, pues, un desfase de dos o tres años.Saber o ignorar con exactitud el día del nacimiento de Jesús, así como el nacimiento de cualquier personaje histórico, satisface la curiosidad de los estudiosos pero tiene una importancia científica relativa y ninguna teológica. De hecho, los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha del nacimiento ni de la muerte de hombres que han marcado la Historia.
Son los hombres los que determinan las cualidades del día de su nacimiento y no al revés. A los hombres se les conoce por sus obras. Claro que, para los tiempos en que «todo ha devenido líquido» y en los que la interpretación es más importante que los hechos, muchos estudiosos han dado en decir que la Navidad es una pura invención de la Iglesia porque su celebración coincide con el día del nacimiento de Mitra. Ningún calendario nuevo hace tabla rasa de los calendarios anteriores; por el contrario, los reutilizan para vehicular nuevas ideas y reformas. El calendario actual es el gregoriano, que Gregorio XIII conformó en el siglo XVI.
Según los documentos, el primer árbol de Navidad se puso en Alsacia, a lo largo del siglo XV. La costumbre se generalizó en los países de influencia protestante porque la reforma luchó a brazo partido contra los belenes para evitar cualquier forma de idolatría. Los nacimientos modernos se popularizan a partir del siglo XVI como fruto de la contrarreforma. Son una representación, cada vez más realista, de los hechos y de las personas que los reformados rechazaban como formas idolátricas. A lo largo de las épocas, los belenes se fueron poblando de figuras bíblicas y de la vida cotidiana de los belenistas que representaban todo tipo de oficios, trabajos y profesiones. La iglesia católica fomentó los nacimientos para contrarrestar el efecto reformista del árbol. El uso del árbol se extendió con rapidez por todas partes porque utilizó como soporte simbólico el culto a las fuerzas de la naturaleza, cuya expresión son los bosques, la presencia del árbol en la Biblia, empezando por el árbol del bien y el mal y «el árbol de la cruz». Hoy, días antes de Navidad, y con harto dolor de los ecologistas, las plazas de las ciudades europeas parecen verdaderos bosques. La adoración de los Reyes Magos se celebra en la Iglesia desde mucho antes que la Navidad. Algunos museos exhiben colecciones de belenes que figuran en los catálogos de grandes obras de arte.
En la actualidad, frente a la Navidad los grupos humanos adoptan diferentes posturas. Para los creyentes, la Navidad actualiza el misterio del nacimiento de Jesús, que se encarna y se hace tiempo y espacio; la Navidad es la esencia misma del ser cristiano, el ocultamiento y el desocultamiento del misterio de la fe. Para recuperar la prístina fuente de todas las fiestas, los puristas, en vez de suplantar la Navidad por el solsticio de invierno, tendrían que recular hasta la noche de los tiempos y hacer ritos de enterramiento, seguramente los primeros ritos del mono al intentar incorporarse. Los laicistas siguen iluminando las ciudades pero sin motivos navideños, siguen poniendo el Belén pero sin la sagrada familia, siguen celebrando la cena de la Nochebuena pero sin nada que haga alusión a la Buena Nueva y siguen felicitando a los amigos sin alusión al motivo histórico que dio origen a la costumbre. Los laicistas predican «la muerte de Dios», celebrando su nacimiento y rinden culto al ocultamiento que distorsiona, y al nihilismo, muy a tono con nuestra época de «luz y taquígrafos».Todos ellos buscan desesperadamente nuevos ritos -bautismo civil, reunión familiar que supla la primera comunión- que llenen el vacío que deja el olvido de los tradicionales.
Los griegos tenían dos clases de tiempo: el cronos -tiempo físico, lluvioso o seco, nublado o soleado, frío o caliente- y el kairos -el tiempo propicio para la persona o la comunidad-. Las referencias temporales eran acontecimientos que marcaban la historia del individuo o de la comunidad. En antropología se dice: «Los dioses nuevos difícilmente matan del todo a los viejos dioses». La Iglesia ha emplazado el nacimiento de Jesús en un momento propicio del calendario para vehicular el renacimiento de la Humanidad. Como lo denunciaron muchos Padres de la Iglesia, al aprovechar fechas importantes de calendarios anteriores como vehículo de su mensaje, éste puede estar contaminado por los contenidos celebrados por aquéllos.
Mucha gente de hoy no tiene más referencias temporales que el calendario de la liga de fútbol, los programas de televisión o las fechas de las vacaciones escolares. Las referencias litúrgicas y aquéllas que recordaban los hitos históricos: la independencia, tal o cual batalla, la de la leva, la del día de haberse licenciado del servicio, han desaparecido de la vida de mucha gente. Las unas porque ya no ocurren, las otras porque no se saben. Los historiadores no dudan en que el nacimiento de Jesús ocurrió.La Navidad es un tiempo fuerte, kairos, para la Humanidad. El mensaje original de la Navidad es que Jesús ha nacido y ha plantado su tienda entre nosotros para predicar un mensaje de paz y amor radical al otro. Un amigo mío ateo dice: «Si Jesús, en cuya divinidad no creo, no hubiera existido, el milagro cristiano hubiera sido aún mayor».
Recibí una felicitación de Navidad con este escueto mensaje: «Acontece Dios».
Manuel Mandianes es antropólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

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