Donde las dan las toman, escribía Mariano José de Larra, y así le ha salido el tiro a José Luis Rodríguez Zapatero con su chiste de “el patriota de hojalata” dirigido a Mariano Rajoy, quien no ha perdido un minuto para responderle al presidente diciendo que mejor eso que ser un “bobo de solemnidad”. A los ciudadanos les toca, en este nuevo cruce de insultos y descalificaciones, decidir cuál de los dos se acerca más a la realidad: si es Rajoy un patriota de hojalata, o si a Zapatero le encaja lo de bobo solemne.

Tenemos la impresión de que en esta polémica dialéctica el presidente tiene las de perder, y si no a la vista está la crisis del Estatuto catalán, sobre la que parece haber tomado el control el verdadero núcleo duro del Gobierno y del PSOE, donde están la presidencia del grupo Prisa, Felipe González, Manuel Chaves, Alfredo Pérez Rubalcaba y Alfonso Guerra, este último un poco por libre. Porque son todos ellos los que han apartado de la primera línea negociadora a Zapatero y los que han propiciado el pacto con Ibarretxe —que luego bendice y ampara El País— con el solo propósito de aislar a Carod-Rovira y de reenviar a Barcelona el Estatuto catalán si los nacionalistas no se avienen a renunciar a lo esencial de su proyecto, la nación aquí incluida.

Cuando este jueves el PNV apruebe con el PSOE y otras minorías los Presupuestos del 2006, con o sin el apoyo de ERC, el presidente se sentirá liberado de la presión de sus hasta ahora socios catalanes, y dirá Diego donde dijo digo, y olvidará sus promesas y le podrá dejar a Carod “acojonado” si se traga la nación y la financiación, y enloquecido a palos con Maragall si el Estatuto vuelve a Cataluña por inconstitucional. Pero ése ya no sería Zapatero, sino el resultado de la larga mano que mueve los hilos del poder en el seno del PSOE: Prisa más González.

Lo que en cierta manera también pasa con el PP, donde El Mundo y Aznar se han convertido en el poder en la sombra que quiere controlar y pilotar los pasos de Rajoy, por si se desvía de los objetivos diseñados por sus “protectores”, que cuentan en este partido con los infiltrados en la dirección Acebes y Zaplana (aznarismo puro) de igual manera que González utiliza a Solbes y Rubalcaba para la misma función.

La principal debilidad de Rajoy está en su equipo, porque él había sido predestinado por Aznar para gobernar y no para hacer de líder de la oposición. Mientras que en el caso de Zapatero la debilidad está en él mismo, aunque también en su Gobierno y proyecto, dado que él hizo un programa electoral para seguir en la oposición y se encontró de bruces en la presidencia del Gobierno, por causa del 11M que tanto le obsesiona porque le resta legitimidad. Aunque es el lío organizado por él con el Estatuto catalán, la negociación con ETA y la revisión del franquismo lo que le ha sumergido en su actual caída en las encuestas y en la imagen de debilidad, que Rajoy eleva a lo de “bobo de solemnidad”.

Rajoy ha seguido el consejo de Larra y le ha devuelto el insulto a Zapatero. Pero el líder del PP no debería olvidar otro de los más famosos adagios del citado autor, con el que seguramente se consolará Zapatero: “ande yo caliente y ríase la gente”. Y eso también es verdad porque el poder abriga mucho y porque siempre hace más frío en la oposición.