El boicot es en fechas recientes un deporte -como no podía ser de otra forma- pionero en Catalunya. Esa forma valiente de lanzar la piedra y esconder la mano alcanzó su clímax cuando el entonces conseller en cap, el señor Artur Mas, afirmó con legítimo orgullo: "Esa empresa había demostrado un cierto menosprecio hacia Catalunya y ahora valoramos positivamente el giro, que es un victoria de la gente por su firmeza". Corría el año 2003 y Catalunya había vencido en la guerra del yogur. La única guerra que hemos debido de ganar los catalanes en los últimos doscientos años. La empresa burgalesa Pascual volvió a comprar leche a los ganaderos catalanes, después de que las ventas bajaran entre un 20% y un 30% en el principado y multiplicó por tres sus inversiones en la planta de Gurb. No en vano, como dejó dicho el escritor Vila-Matas, "la patria son todos los paseos que uno puede hacer a pie alrededor de su pueblo".
No les dimos agua, sino que les enseñamos a hacer pozos. Tardaríamos poco en probar nuestra propia medicina. Ahora, gracias a internet hemos aprendido que hay cava en Extremadura, en Alicante y en Valladolid, donde un productor de tal líquido canta ocurrente por la radio una coplilla agradecido, con un estribillo fácil "Gracias, Carod, / que me has dado la vida". O que las compresas no tienen por qué ser necesariamente catalanas. Esto sucedía allende el tripartito. Pero aquí mismo, la página www.compraencatalà.org, impulsada por la benemérita institución Òmnium Cultural, se dedicaba a boicotear los productos catalanes aunque, eso sí, los que no estuvieran debidamente etiquetados en catalán. De forma que es posible que algún género haya sido boicoteado allá y aquí, allá precisamente por ser catalán y aquí por serlo poco, según preclaro criterio. Pero todo es relativo, como nos enseñó el silente Oleguer, que en la nostra reclama una selección catalana y en Antena 3 aparece enfundado en rojo y gualda.
Llegó Rajoy y profetizó que boicotear a Catalunya es boicotear a España -como si esto ya no fuera para muchos de aquí y de allá el puro extranjero- y salió brindando con cava catalán / español con el amo de las burbujas, mientras que Maragall brindó en una cooperativa con cava catalán / catalán de verdad y no de mentirijillas. A éstas el señor Josep Huguet, conseller de Comerç -el mismo que dijo que si no no se aprobaba el Estatut se provocaría una guerra civil en Catalunya-, afirmó que el boicot contra productos catalanes era lo mismo que los nazis hacían con los judíos. Tuvo suerte, casi siempre la tiene ese honorable, y al cabo de pocas horas apareció en la red una web titulada Boicot als productes espanyols.
Menos mal que la señora Isabel Pantoja aseguró que ella, "como cada año", brindaría "con cava catalán". Ha sido nuestro único punto de apoyo, porque aún esperamos un triste manifiesto de los intelectuales españoles a favor de Catalunya, aunque sea firmado por Víctor Manuel y Ana Belén y aquel señor que hizo del Algarrobo en la serie de Curro Jiménez,que lo firman casi todo, hasta la hipoteca de mi piso. Y mientras tanto en la Cope, la emisora ésa donde según algunos se predica el odio contra Catalunya, se anuncian tan ricamente, entre otras empresas catalanas, las autopistas Acesa, Port Aventura, La Caixa, el periódicoAvui, y la Caixa de Catalunya. ¿Será porque el señor Rajoy tiene sus ahorros en el Banco de Sabadell?
mtrdar@terra.es

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