Ni de izquierda ni de derecha, de Montserrat Nebrera en El Periódico
No hace ni tan siquiera dos años, el patriotismo constitucional se identificaba con el franquismo. El affaire protagonizado por el anterior Gobierno, de la descomunal bandera rojigualda, ondeando en la madrileña plaza de Colón, encrespó a la izquierda estatal más incluso que a los nacionalistas periféricos (al fin y al cabo, también la senyera o la ikurriña han sido y son objeto de emotivos actos de homenaje). 1936 ha hecho impensable en estos pagos enfundarse una camiseta con la bandera española sin ser tildado (con más que probable razón) de ultraderechista. De esos polvos a estos lodos de ciertos automatismos en torno a los símbolos del Estado: la bandera republicana equivale a régimen democrático, la defensa de la Constitución de 1978 a la negación de su reforma, afirmar la unidad del Estado es negar su realidad compuesta. En pocas palabras, parece como si fuese más fácil ser patriota con la Constitución de 1931 (con la que, por cierto, se envió, no sin razón, a Lluís Companys a la cárcel) que con la vigente.
Pero se abre una luz en este bosque. En este tan crispado debate sobre la LOE que se aprobó ayer, hay que recordar que incluye una nueva asignatura, planteada como obligatoria desde primaria a bachillerato y compuesta por diversos contenidos, bajo la rúbrica genérica de Educación para la Ciudadanía. Encomiable en su espíritu y en sus contenidos, la asignatura nace lastrada por la cátedra en la que se ha gestado, la de Laicidad y Libertades públicas de la Universidad Carlos III, pues del nombre de la cátedra parece deducirse que asume otro peligroso automatismo, como es la equiparación entre laicidad y tolerancia. Son sobrados los ejemplos históricos de sistemas políticos laicos intolerantes y de otros, en cambio, que aun siendo confesionales, han defendido hasta donde alcanza la preservación del orden público, la libertad religiosa, incluida la opción por el ateísmo.
BIEN ES verdad, sin embargo, que en el temario de la asignatura se contempla el hecho religioso como un apartado de la materia que habría de impartirse en el bachillerato, pero parece desconocerse que la religión tiene mayor alcance filosófico que la mera constatación del folclorismo antropológico de sus manifestaciones históricas. La religión imbuye la mayor parte del discurso político, incluso del más laico, y la más acreditada teoría de la Constitución reconoce la existencia de mecanismos irrefutables de conexión entre nuestro modo de impostar el derecho de mayor rango y la lectura religiosa del ser humano: la teología política de Carl Schmitt sería el ejemplo más inmediato, pero el más reconocido y general es el que ofrece Max Weber en su sugerente descripción del espíritu protestante como generador de la filosofía capitalista, lo que MacPherson a su vez identifica como el "individualismo posesivo". Por activa o por pasiva, y desde el siglo IV hasta la construcción moderna de la idea de Europa, negar la vertebración religiosa del discurso político es inútil y sólo la falta de perspectiva justifica ubicar en una cátedra de Laicidad asignatura tan importante como la de la Educación para la Ciudadanía.
Además, en el contenido de la asignatura se incluye como materia el patriotismo constitucional, que el Gobierno dice recoger del filósofo Jürgen Habermas, quien a su vez la plantea como una concepción de izquierdas. Y es éste un cambio sustancial en el discurso político, pues el socialismo asume este concepto, no ya como propio, sino como exclusivamente propio, en la misma línea en la que el ministro José Bono, hace también varios meses, en la marea del indigerido horror del 11-M, afirmaba que la seguridad es un concepto de izquierdas. Entonces se defendió desde todos los frentes que seguridad y democracia, prevención del terrorismo y Estado de derecho son binomios compatibles. En esa misma línea de argumentación, que pretende que es la izquierda el único marco posible para la defensa del Estado de derecho, está la afirmación de que el patriotismo constitucional, construido desde la derecha, es fascista.
EL CAMBIO de óptica me reconforta y al tiempo me inquieta, porque puede ser otra forma de ambigüedad más del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: como la inaplicación sin derogación de la ley orgánica de partidos políticos, primer mazazo en la línea de flotación del Estado de derecho, diga lo que diga el Tribunal Constitucional. No sé cuál acabará siendo la postura adoptada en la cuestión autonómica respecto de la Constitución, pero el patriotismo constitucional, como la seguridad, no debe ser patrimonializado por la izquierda o la derecha, sino considerarse un compromiso de gobernantes y ciudadanos. Por eso, a pesar de los defectos de perspectiva de la LOE y del error de ubicación de la asignatura, mi felicitación al Gobierno por defender que el patriotismo constitucional (también) es un valor de izquierdas.
MONTSERRAT Nebrera. Catedrática acreditada de Derecho Constitucional.
