Asistimos estos últimos días entre la sorpresa, la perplejidad y el desagrado, cuando menos, a un malintencionado intrusismo -al que ahora se pretende «quitar hierro»- por parte de sectores políticos y culturales gallegos sobre asuntos que sólo y nada más competen a Asturias. Últimamente vimos, leímos y oímos cómo representantes políticos del Bloque Nacionalista Gallego (anteriormente asistimos a un intento de injerencia cultural intolerable, como el de la aprobación del plan del Gobierno gallego para normalizar el gallego en el Eo-Navia y la designación por parte de la Academia de la Lengua gallega de un delegado para la zona Eo-Navia) encabezaron en días anteriores un nuevo intento de injerencia política, administrativa y cultural en territorio asturiano. El BNG lanzó un órdago en el que quedaba patente la intención de aprovechar la reforma estatutaria que se avecina para reclamar que los concejos en el territorio asturiano del Eo-Navia se integren política y territorialmente en la comunidad gallega.
Ahora estamos en la fase del proverbial donde dije digo, digo Diego. Las intenciones, no nos engañemos, estaban y están bien claras. No importa que ahora se «quite hierro» al asunto. Por cierto, qué papelón el de don Ovidio Sánchez, que, al igual que don Tancredo, está a verlas venir y aprovecha la necesaria reforma estatutaria para atacar el nacionalismo gallego, cuando desde el Partido Popular gallego se apoya e incluso incrementa la iniciativa del BNG. El acabose.
La propuesta del Bloque Nacionalista Gallego -que sí, lo es- es tremendamente inadecuada en sus dos aspectos. Por un lado, en lo que se refiere a la modificación de los límites territoriales de nuestra comunidad autónoma, esta propuesta genera gran rechazo y crispación en el conjunto de la población asturiana y muy especialmente entre los asturianos y asturianas habitantes de los concejos limítrofes con Galicia. Y cuando una propuesta genera crispación y rechazo, lo más prudente es retirarla. Tenemos claro hasta dónde llega Asturias, tenemos claro lo que es asturiano y no nos gusta que nos caciplen la casa. También es verdad que en muchas ocasiones no defendemos, suficientemente, lo nuestro, lo que nos pertenece por lengua, cultura, tradición y política.
En segundo lugar, la «inicial» pretensión gallega es también inaceptable al proponer la oficialidad de la lengua gallega en Asturias, porque, en primer lugar, no existe el gallego de Asturias, sino la fala o gallego-asturiano, que es la lengua de los asturianos entre los ríos Eo y Navia, y también porque la autoridad lingüística y política corresponde a las instituciones y Gobierno de Asturias.
No obstante, esta propuesta -a la que ahora se pretende enmascarar- debe llamarnos a la reflexión sobre cómo estamos haciendo las cosas en Asturias. Nuestros vecinos gallegos llevan años poniendo en valor sus elementos de identidad lingüística y cultural. Eso con gobiernos de derechas y de izquierdas. Sus valores culturales y lingüísticos no son ni mayores, ni más ricos que los que tiene nuestra comunidad; sin embargo los asturianos no supimos o no quisimos, hasta la fecha, reconocer y potenciar nuestro patrimonio tradicional, nuestra cultura y nuestra lengua, con la consiguiente pérdida de identidad y del necesario autorreconocimiento que esta actitud produce.
Creo que sería bueno que aprovecháramos esta polémica para ver claramente la importancia de que Asturias se dé cuenta de una vez que tiene una identidad propia, una lengua propia y una cultura propia que es necesario reconocer y potenciar como un patrimonio a proteger y difundir, no contra nadie, sino al servicio de todos los asturianos y asturianas y como contribución de nuestra tierra a la diversidad cultural española, europea y del mundo. Una identidad propia que es diversa, plural y que requiere un esfuerzo para preservar su riqueza en sus distintas manifestaciones.
Asturias y Galicia tenemos objetivos en común, debemos cooperar y colaborar, aunando esfuerzos en todos aquellos aspectos de interés para nuestros pueblos. Asturias y Galicia deben trabajar conjuntamente en el marco más amplio de lo que podría constituirse como eurorregión del Noroeste (con el norte de Portugal, zonas de Castilla y León y otras comunidades cantábricas), pero para ello es imprescindible y básico partir del respeto y en cualquier caso dejar de plantear acciones y obviar actitudes que sólo pueden favorecer lo que nadie desea, que es el antigalleguismo en Asturias.
Francisco Javier García Valledor es consejero de Justicia y Relaciones Exteriores.

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