Media parte, de Joan Barril en El Periódico
NI GRANDES fastos ni tampoco excesivas penitencias. El Gobierno tripartito es mucho más transparente. Se le ven las costuras, pero también se le ve la musculatura. Y eso, a los poderosos, no les hace gracia.
Sumérjanse en el metro de primeras horas de la mañana. Deténganse en las mesas del aperitivo. Aprovechen los semáforos en rojo para escuchar las conversaciones de la gente que les rodea. Muchas de esas conversaciones tienen como objetivo la plasmación de las ilusiones materiales. "¿Sabes? He visto un auricular sin manos que sirve para hablar por teléfono cuando vas en moto". Y el otro añadiendo: "Pues a mí me han contado de una máquina que hace huevos fritos casi sin huevos". Se trata de frases lanzadas al aire para que alguien las recoja. Ahora que nadie escribe cartas y que el e-mail de los Reyes Magos, orientales como todos los sospechosos, está sujeto a la mirada de todas las policías europeas, la gente se limita a decir sus deseos en voz alta a ver si algo cae. El llamado Estado del bienestar se autoalimenta con objetos de alta tecnología. En el zócalo de ese Estado otras personas se limitan a decir:
"Ojalá me lleguen los 200 euros para el fin de mes. Ojalá la señora del quinto se acuerde de bajarme las sobras de la cena de Nochebuena". También son deseos en voz alta.
Hace dos años, en vísperas de Navidad y de otros prodigios mágicos, fueron muchas las personas que también hablaban en voz alta y pedían cosas menos materiales. Un nuevo Gobierno tomaba posesión del poder catalán bajo las bóvedas del Tinell, allí donde Colón ofreció la primicia de un Nuevo Mundo. A aquella imagen se la conoce como pacto del Tinell, y era más importante que el sin manos para la moto o la máquina de los huevos sin huevos. Se trataba de una carta a tres políticos tan magos como Melchor, Gaspar o Baltasar. No se trataba de juguetes. Se les pedía una nueva manera de gobernar, y la verdad es que no hemos quedado defraudados. Un tripartito es un constante ejercicio de amores y de suspicacias. Hoy te quiero a ti, pero también le quiero a él. Pero, entiéndeme, ¿qué van a decir mis hermanos de Madrid? Por cierto, hablando de hermanos, ¿cómo está lo mío? Me voy de viaje. No pierdas el norte. ¿Perpinyà está en el norte, dices? Yo no digo nada. Yo sólo digo que esto del Gobierno tripartito es apasionante, pero apasionante de pasión. Ahí va una corona de espinas para que nos ambientemos. Y no te quedes toda la gloria para ti: déjame el 3% para poder sacarlo en sede parlamentaria. Y después de la alegría, ¿por qué no remodelar el Gobierno? Y a esas alturas, aquellos que escribieron la carta a los magos del Tinell , ya no sabían hacia dónde mirar.
Pero hoy es un cumpleaños de madurez, porque después de tanto susto ya no nos asustamos de nada. Por si fuera poco, con tanto ruido anticatalán, incluso Joan Rosell ha tenido que salir a decir que tan intervencionista es el Estatut como intervencionistas son los políticos y los medios de comunicación de Madrid que alimentan incomprensibles boicoteos en la sagrada unidad de la libre empresa. El tripartito ha hechos cosas, buenas algunas y torpes otras. Ahora se trata de devolver una parte de la ilusión perdida y de no malgastar el orgullo de los votantes. Como decía Cruyff en todas las medias partes: "Salid a jugar y a pasáoslo bien".
