La Coctelera

Caffè Reggio

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14 Diciembre 2005

ETA quiere provocar un efecto electrizante tumbando a ZP con el juego político y no con un gran atentado, de El Salteador de carruajes en El Confidencial

Entre la Azkoitia de los caballeritos y la Azpeitia de los Ejercicios, en pleno valle guipuzcoano del Urola, se encuentra el caserío de Iguerabide que, desde tiempo inmemorial, sirvió de posada a peregrinos y guerreros de creencias e ideologías diversas.

Hasta allí se llegaron las tropas francesas de la Convención que, a fines del XVIII, ocuparon el País Vasco, y sus amplias estancias de piedra proporcionaron cobijo, protección y buena humedad a muchos franciscanos que se habían convertido en fabricantes de cartuchos contra las tropas de Napoleón y a otros tantos clérigos que, con el permiso del Obispo de Calahorra, habían figurado al mando de compañías armadas contra los sans-culottes.

Con el paso del tiempo, Iguerabide pasó a ser la guarida de aquellos primeros etarras que levantaron sus puños y armas contra la dictadura franquista mientras los estudiantes de la Sorbona, armados con piedras y libros de texto, trataban de trasladar hasta sus barricadas de París-Saint Germaine la soberanía del pueblo, como tratan ahora de hacerlo la Ezquerra y la cuadrilla de Otegi y Txeroki con sus pronunciamientos integristas y su gasolina frente a la COPE, el combustible predilecto de los agitadores de toda comuna, con sus bombas de autopista y lanzagranadas de aeropuertos.

Amaya, la actual moradora del caserío familiar, también militó, hace de esto una docena de años, en las filas del terrorismo y, tras haber pagado sus culpas a la sombra de una cárcel sureña y estar arrepentida de aquello, vive ahora esperando el final del conflicto con escepticismo pero sin desechar la esperanza total.

“El problema”, decía Amaya, “es que ETA no se fía de Zapatero aunque Zapatero se fíe de ella. ETA lo ve muy infantil, demasiado entusiasta para ser el presidente de un pueblo, como el español, que podría avergonzarse de su prematuro entusiasmo. ETA va a jugarle a ZP una mala pasada porque cree que desprestigiándole a él se prestigiará a sí misma, convirtiéndose en aquella legendaria serpiente de la mitología escandinava, la Midgardsormr, en la que se confiaba que, al salir del fondo del mar, lo hiciera en son de paz y resultó que acabó provocando un maremoto”.

Luego añadió: “Tendría mayor efecto electrizante para ETA tumbar a Zapatero mediante el juego político de la negociación que mediante un atentado como el del 11-M. Expulsar del poder a ZP sería un sueño para una ETA que no es altruista, que busca más el prestigio perdido que el abandono de las armas porque en ella hay todavía mucho Napoleón. Tumbar al presidente provocaría un efecto electrizante superior al que tuvieron las operas de Wagner o al Vals de los campesinos de Bohemia que se marcó el príncipe de Metternich para reafirmar su germanismo ante las tropas francesas”.

Mientras departíamos amigablemente frente al fogón de la vieja cocina con un vaso de txakolí entre las manos, alguien tocó la aldaba del portalón. “¿Quién andará levantado a estas horas de la madrugada?”, se preguntó Amaya. “¿Qué insustancial podría subirse a la montaña en medio del viento, la lluvia y la oscuridad de esta noche?”. Era Andoni, su sobrino, que venía a anunciarle que, en Francia, acababa de caer Txopito, un conocido de ellos.

Andoni coincidía con Amaya en que ETA no busca ahora el abandono de las armas sino la propaganda, el efecto mediático y electrizante de la afirmación patriótica vasca. “Si ETA se fuera ahora a casa”, comentaba Andoni, “se iría derrotada ante el mundo y desea salir victoriosa de esto. ETA quiere que el reloj de la pacificación de la hora al ritmo que ella imponga. Por eso ha expulsado de su organización a Pakito y compañía”.

Amaya estaba de acuerdo. “Estos [los de ETA]”, decía, “siguen las pautas de aquel Vladimir Ilich Ulianov, un hombre bajito, corpulento, sereno, visionario, frío y calculador que vivió en Zurich en casa de un zapatero remendón. ETA no olvida que el primer gesto que hizo Ulianov al regresar a suelo ruso no fue abrazar a los soldados de la revolución que le habían franqueado la vuelta, sino acudir a los periódicos para lograr el efecto electrizante y mediático de su ardor revolucionario y patriótico. Los métodos de Lenin, como era conocido Ulianov, aún resuenan en ETA y por eso quiere tumbar al presidente. Si pudiera lograrlo, se rodearía de un áurea nueva y distinta frente al mundo de ayer”.

Mientras Amaya nos preparaba chocolate con pan y galletas caseras oíamos por la radio las palabras de ZP comentando su “prudente esperanza de que se ponga fin al terrorismo” poco antes de que ETA hiciera estallar bombas y lanzagranadas por las autopistas y aeropuertos de España.

“En el caserío de Muñagorri”, decía Andoni, “también piensan así; creen que ETA busca el desprestigio de Zapatero, sacarlo a empellones del poder porque ni lo respetan ni se fían de él. Creen que, por iluso, atropellado e impaciente – “hay que llegar a un acuerdo como sea”-, podrán engañarle mejor gracias a ese aire frailuno que tiene como de haber perdido la fe, gracias a esas ganas de pasar a la Historia como sea sin saber nada de ella, queriendo ser pescador en aguas revueltas sin haber aprendido a pescar, queriendo bailar en la cuerda floja sin ser bailarín y tratando de parecer la Madre Teresa siendo en realidad un malabarista”.

Antes de ir a dormir, Amaya, se puso a apagar las brasas del fuego echándoles encima cenizas y unas gotas de agua del manantial de la huerta. Y mientras lo hacía, nos dijo: “ETA quiere que el orden del País Vasco salte en pedazos, como saltó el orden en la revolución bolchevique. Pero ETA sabe también que eso es hoy pura quimera. Los duros y jóvenes, que son los que cortan el bacalao, prefieren esperar a que llegue el momento oportuno, como esperó Lenin en Zurich calentándose la cabeza con discusiones y vodka. El presidente Zapatero es para ETA lo que para Lenin fue el zar Nicolás II”.

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