De pronto han reaparecido en la escena política, como fantasmas que huyen del pasado, la guerra de Iraq y la catástrofe del Prestige. Todo ello gracias a la distribución en los medios de comunicación afines al Gobierno de Zapatero de documentos que, por lo que parece, han salido del CNI y del Ministerio de Fomento. Muy mal tienen que estar las cosas para que este Gobierno decida desempolvar viejos asuntos con la sola intención de tapar sus errores y despropósitos y de paso inflar la fama del PP en sentido negativo para que la fuga de votos del PSOE no se vaya al partido que lidera Rajoy.

La operación es tan burda que no causará los efectos esperados por el Gobierno y el PSOE, que simultáneamente han lanzado una campaña de mítines para explicar lo que llaman logros del Gobierno en los últimos veinte meses, es decir, desde que Zapatero asumió la presidencia del Ejecutivo.

Resulta un poco grotesco ver cómo el presidente Zapatero, sus compañeros de Gobierno, algunos dirigentes de su partido y sus medios de comunicación más allegados se han lanzado a reactivar estos dos viejos debates en los que el Gobierno de Aznar dejó mucho que desear, sobre todo porque el ex presidente del Gobierno ha sido un experto en mentir a los españoles, como se vio en la guerra de Iraq y en el 11M, pero por eso ya pagó muy caro el propio Aznar y su partido en las elecciones del 2004. Y los ciudadanos, que fueron los que castigaron a los populares por no decir la verdad, fueron también los encargados en aplicar el castigo en las urnas. Pero ese precio se paga una vez y no se puede volver a pagar, como pretende el Gobierno de Zapatero en un momento en el que la inquietud de los españoles está puesta en otras cuestiones de más envergadura, como son el Estatuto catalán y la negociación con ETA, entre otras muchas cosas en las que se incluye el desgobierno y la escasa capacidad de gestión de varios de los ministros.

El secretario de organización del PSOE, José Blanco, ha confesado la autoría de estas manipulaciones del pasado al advertir al Partido Popular que irá sacando más cosas si los populares siguen pidiendo al Gobierno explicaciones sobre la negociación con ETA y sobre el Estatuto catalán. Se va a equivocar José Blanco, porque el PP no sólo no va a renunciar a su labor de oposición en estos dos grandes debates de interés nacional, sino que además Mariano Rajoy ya ha anunciado que el próximo miércoles interrogará a Zapatero sobre la negociación con ETA, cosa que irrita hasta límites insospechados al presidente y a su equipo de Gobierno porque saben que este debate provoca un doble efecto: aumenta las reticencias de ETA a pactar con Zapatero y a la vez causa indignación en el conjunto de la ciudadanía. Lo mismo ocurre con el Estatuto catalán, que el Gobierno socialista está negociando en secreto con los nacionalistas de Cataluña a la espera de conseguir un consenso que le permita llevar en primavera a la comisión constitucional del Congreso un pacto que el PSOE y los nacionalistas querrían aprobar en un tiempo récord para evitar que el PP lo convierta en un espectáculo político y ponga en evidencia las grandes ventajas que el nacionalismo catalán espera obtener del nuevo Estatuto.

Un documento que también se convertirá, si se aprueba, en punto de referencia para el País Vasco, donde por cierto Ibarretxe acaba de anunciar su segundo plan soberanista, éste ya sin ningún tipo de tapujos o subterfugios camino de la independencia nacional.

Difícil tiene el Gobierno cuadrar el círculo de la negociación con ETA y la reforma de los Estatutos, y mientras lo intenta su desgaste político y electoral no cesa de aumentar, por ello el Gobierno y el aparato del PSOE se dedican a desenterrar asuntos del pasado a ver si con ello consiguen paliar su desgaste político y electoral.