El miliciano Blair y el escritor Orwell, de Roger Jiménez en El Mundo de Cataluña
Los veteranos de la Guerra Civil española van desapareciendo con el paso de los años sin que su testimonio se haya guardado en el disco duro de las nuevas generaciones. De ahí el valor de esfuerzos editoriales como los realizados recientemente por este diario para difundir con el máximo rigor aquella tragedia histórica de la que pronto se va a cumplir el 70 aniversario.
Nombres famosos de la literatura universal estudiaron aquel periodo entre la admiración y el escándalo, pero ninguno como el de George Orwell aparece tan arraigado en los episodios que guardan relación directa con Cataluña.
Eric Arthur Blair (Motihari, India, 1903-Londres, 1950), quien siempre utilizó en sus escritos el nombre de fantasía de George Orwell, llegó a Barcelona en 1936 como voluntario para combatir en la causa antifascista. Llevaba Orwell una considerable carga de romanticismo y una carta de recomendación destinada a John McNair, líder en la capital catalana del Independent Labour Party (ILP), un grupo próximo a la ideología del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), de tendencia trotskista, fundado en septiembre de 1935 y que tenía como principales exponentes a Juan Andrade y Andreu Nin.
Lo primero que advirtió con alarma el joven escritor inglés fue la babilonia de siglas de partidos políticos que luchaban en el bando republicano. «Me encuentro en las casernas Lenin de Barcelona para alistarme en las milicias populares », figura como primer apunte en su cuaderno de bitácora, después convertido en una obra mundialmente leída con el título de Homenaje a Cataluña.
De este modo, observa Miquel Berga en el volumen La guerra civil a Catalunya (Edicions 62), fue como George Orwell entró en contacto con el fervor revolucionario, la dudosa disciplina y la generosidad espontánea de aquel sector del proletariado catalán.
Con ellos y otros voluntarios ingleses pasó los cuatro primeros meses de 1937, primero en el frente de Zaragoza y después en las proximidades de Huesca, ciudad que las milicias populares mantuvieron bajo asedio infructuoso durante meses.
La fosa séptica de odios y sufrimientos propia de la guerra, como lo definió George Orwell, se vio agrandada con las luchas y depuraciones sangrientas de anarquistas y poumistas a manos de los comunistas. En 1937, la ciudad de Barcelona vivió las dramáticas «jornadas de mayo», que describe Abel Paz en La guerra de España: paradigma de una revolución, que ha publicado Ediciones Flor del Viento.
Combates de calle entre comunistas y anarquistas, aliados a los militantes del POUM. Asesinato de varios militantes anarquistas, entre ellos el libertario italiano Camillo Berneri, Juan Rua, Alfredo Martínez Los ministros comunistas reclaman la disolución del POUM. Andreu Nin es asesinado en Madrid por agentes comunistas después de haber sido secuestrado y torturado.
Orwell y otros milicianos del POUM recibieron la orden de defender sus locales desde la azotea del teatro Poliorama frente a las fuerzas de seguridad de la Generalitat, que pretendían también ocupar el edificio de la Telefónica en Portal de l'Angel, controlado por elementos de la CNT.
Desde aquel observatorio, el escritor y miliciano asistió anonadado a escenas de «locura indescriptible» en las que el Partido Comunista acusó a los del POUM de colaborar incluso con las tropas de Franco.Era la venganza a las denuncias contra los métodos estalinistas empleados. Finalmente, el POUM fue declarado ilegal y sus dirigentes fueron encarcelados en medio de una furiosa caza de brujas.
De nuevo en el frente, Orwell resultó gravemente herido y fue ingresado en el hospital Maurín de Barcelona. Pero cuando se recuperó, tuvo que esconderse y huir de Cataluña para evitar ser otra víctima del terror político. Su odisea le llevó años después a publicar 1984, un grito de libertad frente a los totalitarismos y su «ministerio de la verdad».
«El lenguaje político -y, con variaciones, se puede decir de todos los partidos desde el conservador hasta los anarquistas- está diseñado para hacer que las mentiras suenen como verdades y el asesinato respetable, y dar apariencia de solidez a lo que es puro viento». Así se expresaría después de regresar a Londres.
Las vivencias de Eric Blair en la Guerra Civil española fueron plasmadas en su Homage to Catalonia, un relato apasionante que no empezó a tener una difusión masiva hasta después de la muerte de Orwell, en 1950.
No se trata de un homenaje a Cataluña como entidad sino a las experiencias vividas entre catalanes en circunstancias aterradoras.Su creación literaria como escritor y como periodista se vería después influenciada por aquella tragedia en una apología incansable del bien de la libertad. «Si la libertad significa algo -escribiría- será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.»
