Los agricultores están en pie de guerra. Tienen muchos frentes abiertos: desde la subida del precio del gasóleo hasta las pérdidas, ocasionadas por la grave sequía, pasando por los bajos precios de los productos agrarios o el descenso de la renta agraria. Hay un descontento generalizado en el sector, que se ha traducido en movilizaciones continuadas durante los últimos meses. Protestas que seguirán. Y también en un abandono del campo, porque a los payeses no les salen los números.
Las cifras hablan por sí mismas. En el año 2003, el censo en Cataluña era de 36.500 payeses, ahora es de 34.000. Cada vez son más los que se jubilan y no tienen quién les tome la alternativa.Por cada 1.500 agricultores que se jubilan cada año, sólo 500 jóvenes deciden continuar trabajando en el campo. Para Josep Lluís Huguet, dirigente de Unió de Pagesos de las comarcas de Lleida, el motivo está claro: «Hay demasiadas dificultades para salir adelante y no compensa. Cuesta mucho sacarse un sueldo trabajando de payés y no llegan las ayudas suficientes de la Administración. Muchos se ven obligados a abandonar y aún habrá más. Hay mucho pesimismo y desencanto».
Cada vez que los agricultores llenan el depósito de gasóleo se indignan. Albert Falip, un joven agricultor de la Unió de Pagesos, asegura que no es para menos. El precio del carburante se ha disparado un 75%. «Y para nosotros es imprescindible, es una herramienta de trabajo», recueda.
En el año 1999, por ejemplo, el litro de gasóleo costaba 31 céntimos, ahora les cuesta 72 céntimos. Una explotación agrícola media gastaba entonces en carburante unos 2.800 euros al año, en la actualidad el gasto sube casi a 6.500 euros. «Mientras, los productos agrarios nos los pagan igual o más baratos. No podemos seguir así. Por este motivo pedimos un gasóleo profesional.Nosotros lo necesitamos para trabajar», exclama Albert Falip.Un gasóleo profesional, que significa una rebaja del IVA del 16% al 7% y la supresión del Impuesto Especial de Hidrocarburos.Los sindicatos y organizaciones agrarias lo tienen claro: de los 72 céntimos que pagan por cada litro de gasóleo, 20 corresponde a impuestos.
La rebaja del precio del gasóleo es en estos momentos unos de los caballos de batalla del sector agrario. Ya han salido a la calle para protestar. Mantienen negociaciones con el Ministerio de Agricultura y aún no dan el calendario de movilizaciones por cerrado.
Pero la crisis agraria es mucho más amplia. No hay sector que no se queje y augure un futuro muy negro. Los payeses, productores de fruta dulce, acaban de cerrar una de las peores campañas de los últimos años. Este año se ha dado una situación paradójica: la producción de las distintas variedades era alta y de calidad y los agricultores estaban esperanzados. Confiaban en recuperarse de la baja producción de los últimos años, pero se han encontrado con unos precios por los suelos, «que no cubren ni los costos de producción». «En origen, nos han pagado este año de media entre 15 y 20 céntimos de euros por el kilo de fruta, mientras que otros años nos pagaban sobre los 45 céntimos. No cubrimos gastos de ninguna manera. Y es indignante que mientras a nosotros nos pagan estos precios, al consumidor le salga igual de cara la fruta», denuncia Josep Maria Jové, dirigente del sindicato agrario JARC.
Este agricultor, como el resto, culpa a las importaciones de fruta de países no comunitarios del hundimiento de precios. «Tiene que haber un control mucho más estricto de las importaciones», reclama, «no puede ser que a nosotros nos exijan una serie de niveles de calidad y medioambientales y a la fruta que venga de fuera no».
Para Josep Maria Jové la gran asignatura pendiente del sector es la comercialización: «Producimos bien, pero no tenemos la fórmula correcta para la distribución y la comercialización de nuestros productos».
Unió de Pagesos calcula que este año el sector de la fruta dulce perderá 290 millones de euros. El malestar de este sector se ha traducido en diferentes movilizaciones desde el pasado verano y los payeses han hecho llegar sus quejas al conseller d'Agricultura, Antoni Siurana. Desde este departamento de la Generalitat han elaborado un documento, que el conseller denominó Hoja de Ruta, con medidas para paliar la crisis de la fruta dulce. Estas medidas, sin embargo, no han convencido a los afectados, que las consideran insuficientes. Además, el sector tiene ante sí otro reto, el plan de reconversión, que se debate estos días.
Otro sector agrario, que también cerrará este año con números rojos es el de los cereales. La grave sequía que ha afectado a buena parte del territorio español durante el ultimo año, ha arruinado el 80% de la cosecha de cereales de Cataluña y ha ocasionado pérdidas, que han sido valoradas por Unió de Pagesos en 75 millones de euros. «No recordamos una sequía como ésta. Tendríamos que remontarnos a 60 o 70 años atrás. Ha habido agricultores que este verano han decidido no cosechar las fincas de trigo o de cebada, porque no les salía a cuenta. Yo no lo había visto nunca», asegura Alejandro Domingo.
La crítica situación llevó a los agricultores a organizar manifestaciones para pedir ayudas a la Administración. Y también aquí hubo desencuentro entre los afectados y la Conselleria d'Agricultura. Mientras el conseller Antoni Siurana defendía el paquete de medidas adoptado, Unió de Pagesos y JARC, criticaban que no cubrían ni de lejos las pérdidas causadas por la falta de lluvias. Aún así, más de 1.500 agricultores se han acogido en Cataluña al plan de ayudas de la Generalitat.
Finalmente este otoño llegaron las esperadas lluvias y los ánimos en este sector se han calmado. Han podido sembrar sin problemas.
Los efectos de la sequía colean aún en otros ámbitos como el ganadero. Aquí las pérdidas económicas también son elevados.El bovino, el ovino i el cabruno han perdido unos 47 millones de euros. Más de 200 ganaderos se han acogido también a las ayudas de la Administración para intentar salir adelante.
Más allá de esta crisis puntual, ocasionada por la sequía, la ganadería tiene también sus más y sus menos. El porcino es uno de los sectores ganaderos punteros en Cataluña y se ha visto afectado por crisis periódicas. Desde la peste porcina hasta la caída de precios. Todas estas oscilaciones han llevado a un replanteamiento por parte del sector.
Los ganaderos porcinos han optado por estabilizar la producción, después del boom de los últimos años, que llegó a saturar el mercado. En el año 2003, en Cataluña la cabaña porcina era de más de seis millones de animales. El último censo la sitúa en 5,9 millones. Esta tendencia a la baja también se da en Lleida, que es la primera provincia productora española, con más de un 12%.
También la producción de aceite se verá diezmada este año. «La sequía ha perjudicado a los olivos, pero, sobre todo, las bajas temperaturas del pasado invierno», precisa Joan Segura, presidente de la Denominación de Origen Garrigues, que pronostica que este año la producción de aceite sólo será de un 10%. «Pero es que no sólo es este año, arrastramos una crisis muy seria desde las heladas del año 2001, que mataron miles de hectáreas de olivos aquí en Les Garrigues y aún no nos hemos recuperado. Por este motivo, no es de extrañar que muchos agricultores abandonen, decepcionados», añade Segura.
Como muestra de la crisis de esta denominación de origen del aceite, Segura señala: «este año tampoco abrirán muchos molinos de la comarca, porque no hay suficiente producción. Desde el año 2001 lo que hacemos es agruparnos las cooperativas y así abrir unos pocos molinos».
La producción de almendras también se ha visto afectada por la falta de lluvias, igual que la vid. Este último sector además arrastra una crisis de precios, que ha movilizado a los productores.Los viticultores catalanes reivindican un plan sectorial para hacer rentables sus viñedos. Como en el caso de los productores de fruta dulce se quejan del abismo que hay entre lo que les pagan por cada kilo de uva, unos 20 céntimos de euro, un precio inferior al de hace diez años, y lo que cuesta el vino embotellado de calidad. Aseguran que no pueden cubrir ni la mitad de los costos de producción.
Y además los payeses están pendientes de la reforma de la Política Agraria Comunitaria, PAC, que entrará en vigor el próximo año y que cambiará el sistema de ayudas que recibe el sector agrario español de la Unión Europea.
Este cambio se centrará básicamente en que en muchos casos los agricultores ya no recibirán las ayudas en función de la producción, sino que se calcularán a partir de las subvenciones recibidas en años anteriores y se establecerá una cantidad fija, al margen de que la cosecha sea más o menos abundante. Unió de Pagesos calcula que se presentarán numerosas alegaciones de agricultores que no estarán de acuerdo con la cantidad asignada. La Conselleria d'Agricultura calcula que con esta nueva fórmula de ayudas, los payeses catalanes recibirán anualmente un total de 78 millones de euros.
Las ayudas de la PAC han sido muy importantes para el sector agrario. Alejandro Domingo de Unió de Pagesos destaca que han permitido modernizar fincas y reconvertir explotaciones. También han provocado un cambio en el mapa de los cultivos en Cataluña.Los que resultaban más rentables por las ayudas comunitarias que han recibido han ganado terreno a los que no se beneficiaban tanto de las subvenciones.
Así, por ejemplo, ha aumentado la superficie dedicada a maíz y vid y han descendido las hectáreas destinadas al cultivo de trigo, olivos y almendros. Las organizaciones agrarias pronostican que este cambio en el mapa de cultivos será aún más acusado con la reforma de la PAC.
Así las cosas, el departament d'Agricultura de la Generalitat calcula que este año en Cataluña, la producción agraria caerá un 3%. Para las organizaciones agrarias la administración debe «adoptar soluciones puntuales para cada crisis, porque sino no tiene ningún sentido hablar de política agraria a largo plazo.Hay que conseguir que ningún otro payés se vea obligado a abandonar su actividad», sentencia Josep Maria Huguet.
La caída de la producción agraria se traduce lógicamente en un descenso de la renta agraria. Las previsiones que maneja el departament d'Agricultura señalan que este año el conjunto de la renta agraria en Cataluña se situará en 1.540 millones de euros, 50 menos que el pasado año.
Y cuando los ingresos agrarios bajan obviamente repercute en otros sectores. Uno de los que lo han notado es el de la maquinaria agraria. En la ultima edición de la Fira de Sant Miquel, el certamen agrario más impotante del Estado y que señala el pulso de la economía de los payeses, ya se constató la crisis del sector.Entre los fabricantes de maquinaria agrícola había preocupación porque percibían un descenso de las ventas superior a un 30%.Es sólo un ejemplo, pero desde Unió de Pagesos advierten que afectará a más sectores. Y es que los payeses no tienen dinero para invertir.

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