Con un titular tan sugerente muchos pensarán que vamos a explicar el final de la era Clos. Pero no es así. No así de fácil. El término 'incierto' denota incertidumbre, que es justamente lo que rodea el futuro de Joan Clos. Ni su propio partido sabe que puede pasar y todo estará supeditado a las encuestas de las próximas semanas. Sobre todo porque un nuevo candidato no se hace en dos días y necesita de dos cocciones y más de un hervor.
Una cosa es evidente: el alcalde Clos está sumido en una profunda crisis política. Eso lo sabe el propio edil. Y si no lo sabe es porque su equipo le esconde la realidad, que es clara y cruel como siempre ocurre en estos casos.

No es difícil diagnosticar cómo ha llegado a tan tremenda crisis.Primero, porque su don de proximidad no funciona en exceso. Cuando logra traspasar su muro se convierte en otro hombre más agradable y repleto de contenido. Pero eso ocurre en contadas ocasiones y probablemente cuando está en soledad. He tenido la ocasión de conocer a ese alcalde. La entrevista que concedió a este diario unos días antes de inaugurarse el Fórum fue un ejemplo. La construcción de su discurso para defender el proyecto estaba fuera de toda duda. Por ello, me sorprendió lo poco fino que se mostró durante los días que duró el evento, lo inexacto, lo fugaz y torpe en lo que, al fin y al cabo, se convirtió en el principio de una etapa marcada por el color gris de su pelo. Esos malos días mediáticos se sumaron a lo que aún estaba por llegar con la crisis del Carmel, incluyendo su bossanova de camiseta verde ceñida. Todo un poema de Manu Chao.

El futuro de Clos es incierto y Xavier Trias y Alberto Fernández Díaz preparan la munición política que sea menester. Las próximas elecciones municipales convocadas para la primavera del 2007, día arriba, día abajo, adquieren una característica que no tenían las anteriores. Es la primera vez que todas las fuerzas políticas sin excepción repiten candidato. Las apuestas se repiten. En el caso de CiU es sintomático. Primero, porque un ajetreo tan virulento en el primer lugar de la lista restaba votos. Segundo, porque, menos durante el mandato que se presentó Miquel Roca, el resto de campañas municipales han sido derrotas anunciadas, con la también excepción de Josep Maria Cullell. Ahora que CiU no tiene gobierno alguno y que sus militantes de sueldo fijo en la Administración han tenido que buscarse la vida en la empresa privada, es ahora cuando el partido de Artur Mas tiene claro que Trias puede y debe ganar.

Pero esa es otra historia. ¿Qué puede hacer Clos frente a esta clarividencia de la oposición? Es evidente que necesita hacer algo si no quiere que se lo coma el lobo. Efectivamente el Fórum marcó una tendencia de desprestigio importante. Esa curva descendente se multiplicó con la crisis del Carmel. Fue durante esos días cuando el alcalde Clos demostró lo lejos que estaba de la población y el poco acierto de sus asesores para acercarlo. En estos momentos, las encuestas, que sólo sirven para intuir progresiones del signo que sean, aún retienen al Clos en la alcaldía. Son esas cifras las que están tranquilizando a la Federación Socialista de Barcelona para seguir apostando por el alcalde. Hasta los dos hombres más proclives a sustituirlo, Jordi Hereu y Ferran Mascarell, están dispuestos a respaldar su candidatura por el bien del partido y de ellos mismos, naturalmente.

Pero las cosas pueden cambiar. El PSC no ha estudiado en profundidad el daño que le puede estar haciendo la gestión del tripartito y el posicionamiento de los socialistas frente al nuevo Estatut.Sobre todo pensando en que la mayor bolsa de voto de Clos está situada entre Nou Barris y Ciutat Vella, y no sé yo que decirles sobre la opinión del ciudadano pasivo sobre estos aspectos, aún más recordando que el voto es un acto secreto y en conciencia.

Xavier Trias está disfrutando de su buen momento. Aunque conoce las limitaciones. Como el mismo dice, si las elecciones se celebraran hoy mismo el nacionalista ganaba aunque fuera pactando con ERC o con el PP. Puede que sí, tanto como puede que no. En todo caso las distancias entre PSC y CiU se recortan.

Alguna cosa tendrá preparada el equipo municipal para vender Clos por un tubo. Primero que evite esa sonrisa closiana, que aunque tenga buenas intenciones, sitúa al político en un espacio de cómic. Segundo, siempre puede vender ciudad. Porque lo cierto es que la ciudad está tremenda. El turismo llena las calles del centro, los comercios se aprovechan, los espacios culturales, que tantas líneas nos dieron a escribir, se muestran absolutamente consolidados y funcionando. Clos siempre podría vender ciudad.La de hoy. Pero sabemos que eso es una falacia. Un político no puede vender presente porque ese es para los ciudadanos. Su misión es el futuro, proyectos, esperanzas. Y con esos tres términos acabamos en la línea 9 del metro, que tiene detenidas las obras y con tres trabajadores muertos en sus entrañas. La línea de la muerte.

En un año y medio pueden pasar muchas cosas. Clos pinta canas y de las buenas. Del Fórum nadie se acuerda. El futuro espera.

alex.salmon@elmundo.es