Avisamos hace 15 días en nuestras Señales de Humo de la trascendencia del cambio de rasante en las relaciones entre el PSOE y CiU. Escribíamos que, tras sendas elecciones en Cataluña y España, no resulta descabellado imaginar una alianza sociovergente gobernando aquí y también allá. Hace más de tres años que Artur Mas hizo saltar por los aires uno de los más sagrados dogmas pujolistas al declarar que no veía inconveniente en que CiU tuviera, llegado el caso, ministros en Madrid. Lo ha reiterado después. El acercamiento al PSOE, inaugurado este verano por Zapatero y Mas, no sólo ha facilitado la aprobación en el Parlament catalán del Estatut, sino que también ha engrasado el acuerdo sobre la LOE y ha abierto la posibilidad de que los nacionalistas catalanes no rechacen los presupuestos españoles para 2006. Las declaraciones del ministro Sevilla diciendo que, con CiU de aliado, los socialistas, también Maragall, vivirían más tranquilos, y las críticas lanzadas por Zapatero a ERC tras los actos contra la COPE y contra la Constitución son sólo dos de los guiños recientes hechos por el PSOE.
Se está reconfigurando, pues, el escenario político. Por si fuera poco, parece que CiU sigue reforzándose y ya no son únicamente los sondeos que maneja la federación los que -como decíamos también hace 15 días- sitúan a Mas por delante de Maragall, sino también los que elabora el propio Gobierno de la Generalitat. Con afán de aumentar y hacer inexpugnable su ventaja, Mas ha apostado por la bilateralidad en la negociación estatutaria. Quiere negociar directamente con el PSOE y sueña repetir el éxito obtenido cuando, contra pronóstico y contra los planes del aparato del PSC, logró que los socialistas catalanes dieran luz verde a una propuesta de Estatut que no les gustaba. La foto con Maragall, pactada junto con el Estatut, le catapultó. Se trata de repetir la jugada.Una segunda foto igual, pero con Zapatero en lugar de Maragall, sería definitiva, barruntan los estrategas de CiU.

Por descontado, ERC se ha puesto muy nerviosa y vive como una amenaza el buen momento que experimenta CiU -«¡quién nos iba a decir a nosotros que tras dos años en la oposición íbamos a estar tan fuertes como estamos!», comenta un viejo lobo convergente-.Los republicanos temen pagar los platos rotos del acoso del PP al PSOE. Puigcercós sabe que si quieren consolidarse al alza en Cataluña seguir apareciendo como los socios de Zapatero es fundamental. Pero su neoroquismo se ve a menudo desbordada por encendidas declaraciones y performances (como arrancar páginas de un ejemplar de la Constitución) de gentes de su partido, que se convierten en peligrosa munición en manos del PP y de los que buscan derribar a Zapatero. Las dificultades del tripartito para transmitir una imagen aceptable y la preferencia del mundo empresarial catalán por la sociovergencia conspiran también contra una ERC. Veremos qué es lo que ocurre con el Estatut y lo que dicen las urnas después. El sueño de CiU es llevarse al huerto a Zapatero y al hábil y peligroso Rubalcaba en la discusión estatutaria, ganar luego las elecciones en Cataluña y, finalmente, ayudar al PSOE a convencer al PSC de que lo que toca es la sociovergencia.Mas, que nadie lo dude, va a jugar fuerte. Lo tiene complicado, mucho, pero tampoco imposible.