Resulta necesario recordar, todos los días, la idea de que José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder en España, con sorpresa propia no menor que la ajena, ante lo azaroso y terrible de su suerte, por estribar ésta, en un auténtico trauma nacional, del que está prohibido hablar, porque todos preferimos taparnos los oídos antes que recordar lo sucedido el 11-M en Madrid. Y es bueno recordar esto continuamente, por si pudiese servir para algo, pues el comportamiento de Zapatero, quedaría, si no justificado, sí explicado, y así dejamos de hacernos a diario la pregunta que se hace cada vez menos gente: ¿Es un genio, es un loco, o un simple indocumentado?
En el origen está el 11-M y eso no se debe olvidar
Los tres países que formaban parte de la fotografía de las Azores, a través de sus más destacados políticos, George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar, resultaron seriamente golpeados por el terrorismo internacional (o lo que se quiera que eso signifique) con atentado suicidas de corte islamista, pero tan sólo uno de estos tres mandatarios, Aznar fue desalojado del gobierno, presumiblemente (la sensación es que a casi nadie le duelen prendas en reconocer que las previsiones eran muy otras) por efecto del atentado. Bien es cierto que sólo en su caso, el atentado tuvo lugar a cuatro días de las elecciones generales, y no es menos cierto tampoco, que de los tres casos, el español es el que más rechazo popular concitaba contra la invasión de Irak.
Las propuestas de Zapatero pensadas desde la oposición, estaban destinadas a causar una gran conmoción en la sociedad española, al convertirse en decisiones de gobierno: así, mientras la retirada de las tropas de Irak fue mayoritariamente aceptada (a pesar de lo precipitado de la misma), el matrimonio de los homosexuales fue motivo de un gran revuelo, plasmado en una gigantesca manifestación celebrada en Madrid; la reforma de los estatutos de autonomía se enquistó en Cataluña, creando un abismo de enfrentamiento político y social, y la reforma educativa, causó una protesta de enorme calado, organizada por la Iglesia española. ¿Eran realmente propuestas de gobierno? ¿O eran propuestas de oposición que se tuvieron que se ejecutaron de manera excesivamente rápida desde un gobierno sobrevenido? En el caso de la reforma de la educación, ¿es una reforma tan profunda como para motivar la protesta que motivó?, ¿o el radicalismo de Zapatero genera ya respuestas automáticas por parte de la derecha?
Se abre un abismo entre los ciudadanos
La sensación es que a estas alturas de la película, y tras las primeras decisiones adoptadas por el presidente, con gran radicalismo en las formas, ya da igual todo, porque una parte de la sociedad española considera que el poder le ha sido arrebatado de manera violenta para realizar cambios brutales, mientras que la otra parte, considera que cualquier cambio que haga Zapatero es, no sólo legítimo y bueno, sino muy conveniente y recomendable, y lo que se ha creado es un irrespirable clima de oposición por parte de una derecha no menos radicalizada. El caso es que se ha perdido cualquier entendimiento y colaboración, y por eso se detecta ese clima de enfrentamiento, de ruptura, de desgarramiento de la sociedad civil española, que tiene algo que ver (no tanto como parece) con el conflicto tradicional de la derecha y de la izquierda, que siempre se encarnó en el mítico binomio "rojos y fachas".
Lo curioso de todo esto, al margen de constatar que la distancia entre las posiciones de unos y otros es enorme, y muy poco aconsejable, es que a nuevos tiempos, nuevos esquemas políticos, y hoy en día, en España, ser "rojo" supone más o menos lo siguiente: ser partidario de "la nación de naciones", de la libertad plena para los homosexuales, de la escuela pública, anticatólico, antiamericano, chavista y castrista. Por el contrario, ser "facha", es ser partidario de la "unidad de España", mostrarse reticente contra libertad sexual, apoyar la educación religiosa y mostrarse como ferviente católico, en la escuela y fuera de ella, así como aparecer como admirador de la democracia americana y la alianza de los republicanos con la derecha sionista.
Un abismo que en fondo poco o nada tiene que ver con el verdadero concepto de izquierda y derecha
Curiosamente, en esta nueva España del crispado enfrentamiento entre el unamuniano binomio de "los hunos y los hotros", no queda espacio para lo que es la razón de ser histórica de la izquierda y la derecha, porque los compromisos económicos de "los hunos y los hotros" siguen siendo los mismos, y al zapaterismo rampante no le duelen prendas en seguir vendiendo sus propuestas radicales, sin que en el terreno de la realidad social esta división social entre españoles tenga ningún correlato a la hora de plasmarse en medidas económicas que beneficien a la ciudadanía, en su calidad de vida inmediata. De la sumisión al bloque americano, hemos pasado a la sumisión al bloque francoalemán.
El trabajo temporal y de baja calidad, protagoniza la vida de nuestros jóvenes, el despido es más libre que nunca, las empresas de trabajo temporal se adueñan del escenario de la contratación y la especulación inmobiliaria y la construcción son los reyes absolutos de nuestra economía, mientras culquier debate realmente "progresista" sobre la financiación ilegal de los partidos políticos, o la generalización de las prácticas de corrupción en la vida económica, queda oscurecido por la polémica sobre las identidades y las culturas autóctonas, una polémica más propia de hotentotes que de miembros de una civilización superior (un concepto que en sí mismo puede no ser entendido por algún descerebrado).
Todo apunta a que detrás del enfrentamiento entre "los hunos y los hotros", no hay realmente un enfrentamiento izquierda-derecha, pues las políticas sociales son intercambiables, sino un estallido de la cohesión nacional de impredecibles resultados.

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