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9 Diciembre 2005

El aumento del precio del oro, de Robert Samuelson en El Mundo

El precio del oro pasó los 550 dólares por onza la semana pasada y ha alcanzado el nivel pico desde fines de la década de los años 80. Éste puede ser un mal presagio, o puede no serlo. Se puede sostener que el precio más alto del oro (con una subida de un 23% del promedio del año 2004) indica una subida de la inflación.
El oro sirvió durante mucho tiempo como una protección contra la inflación, y cuando la inflación en Estados Unidos alcanzó niveles de dos dígitos, a fines de los años 70, el oro llegó a su precio máximo de 850 dólares a principios de 1980. Pero también se puede sostener que la actual subida tiene poco que ver con la inflación y que refleja, principalmente, ese viejo principio básico de la economía: la ley de la oferta y la demanda.

Precisamente, registramos aún el precio del oro por su larga trayectoria histórica. En su esclarecedor libro «The Power of Gold» (El poder del oro), Peter Bernstein señala que «Los egipcios fundían lingotes de oro como dinero ya en el 4000 a. de C.».Más tarde en Europa, el oro permitió que los reyes pagaran a sus ejércitos y sobornaran a sus rivales. En 1511, el rey Fernando el Católico de España exhortó a sus conquistadores: «Traed oro, humanamente si es posible, pero contra todo peligro, traed oro».

Si hubiéramos vivido hace un siglo, el oro hubiera sido la base de nuestro dinero. Gran Bretaña dominaba el estándar de oro global; su moneda, la libra, podía convertirse libremente en oro. Lo mismo sucedía con otras muchas monedas. En Estados Unidos, alrededor de 610 millones de monedas de oro en 1900 constituyeron casi el 30 por ciento de la moneda norteamericana. Todo el resto -billetes de papel y plata- podía cambiarse libremente por oro, señala el economista Michael Bordo de Rutgers University.

Pero la misma rigidez del estándar de oro condujo a su colapso durante la Gran Depresión. Encontrarse con demasiado poco oro producía crisis bancarias y monetarias. El 5 de abril de 1933, el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt ordenó que los ciudadanos entregaran sus monedas de oro; el país pasó en efecto a utilizar un estándar de papel-moneda.

Incluso despojado de su papel como dinero, el oro retiene un aura económica. Alrededor del 85 % de su consumo anual se dedica a la joyería y, en mucho menor medida, a otros usos comerciales, principalmente para trabajos electrónicos y dentales. Pero la reciente subida de su precio parece impulsada por el 15% restante: inversionistas, especuladores y acaparadores. Entre ellos se encuentran los fondos de materias primas, fondos de protección e individuos acaudalados. Especialmente en Asia y en el Medio Oriente, los ricos acumulan lingotes de oro. En los primeros nueve meses de 2005, la demanda del oro para su inversión y especulación creció un 62%, informa el Consejo Mundial del Oro, un organismo dedicado al fomento internacional de ese preciado producto.

Excepto la creencia de que el oro subirá, no está claro qué es lo que motiva a los compradores. Quizás algún factor de ansiedad: la inflación, una crisis financiera, el terrorismo, el desorden general global. Puesto que tener oro puede ser una alternativa para tener dólares, a menudo se citan como razones para la subida del precio del oro al incremento en la inflación en Estados Unidos o la caída del dólar en los mercados de cambio extranjeros. Pero el dólar se ha fortalecido recientemente en los mercados de cambio extranjeros, y hay pocas pruebas de un aumento en la inflación.Es cierto, el petróleo empeoró las cosas recientemente.

Pero excluyendo los irregulares precios de la energía y de los alimentos, la inflación se ha mantenido a alrededor de un 2,5% desde comienzos de 2004. Quizás los compradores de oro vislumbren peligros que no son evidentes en las estadísticas.

O quizás el verdadero culpable sea la real escasez de dicho metal precioso. El cobre se está vendiendo ahora a alrededor de 2 dólares la libra, mientras que hace cuatro años valía 70 centavos de dólar la libra. El petróleo, a 60 dólares por barril, ha doblado su precio desde fines de 2003. En ambos casos, la demanda global -afectada en gran parte por países como China e India- ha reducido las provisiones disponibles.

Lo mismo podría estar sucediendo con el oro. Después de su pico en 1980, el precio del oro bajó durante dos décadas hasta tocar fondo en 2001, a un promedio de 271 dólares. Los precios bajos desalentaron nuevas exploraciones y la apertura de nuevas minas.En 2004, la producción minera mundial bajó un 5% ó 128 toneladas métricas, lo que representó la mayor reducción en los últimos 71 años.

Mientras tanto, el crecimiento de la riqueza en India, China y el Medio Oriente ha revitalizado la demanda de joyas, que ha crecido un 12% este año, después de un 5% de incremento en 2004.Las joyas a menudo representan más que un adorno, son también una acumulación de riqueza.

Consideremos La India. «Durante miles de años, (las joyas de oro) han sido una forma de ahorro», dice George Milling-Stanley del Consejo Mundial del Oro. «El 70% o más del consumo se realiza entre la población de zonas rurales. No tienen acceso a bancos, acciones ni bonos. No confían en la moneda en papel del gobierno».

Aunque las minas nuevas generalmente necesitan 10 años para iniciar su producción, la oferta podría finalmente superar a la demanda.O la prosperidad en La India y China podría multiplicar varias veces a los amantes del oro del mundo. Pueden considerar el oro como una forma más fiable de ahorro que cualquier moneda, aun cuando las inversiones en oro no pagan intereses ni dividendos.Pase lo que pase, los temores que otorgan al oro su atracción especulativa podrían intensificarse o disiparse.

El oro constituye un misterio interminable, porque su valor yace menos en lo que nos provee (a diferencia del azúcar, el cobre o el petróleo) y más en lo que simboliza. Es casi tan inconmensurable como la misma vida humana.

Robert Samuelson es analista del diario The Washington Post.

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