En mi modesta opinión, la decisión del BCE de subir los tipos de interés hasta el 2,2% parece un poco precipitada y no fácil de explicar. En el mundo hay 2.500 millones de personas que trabajan por un dólar la hora mientras que en los países desarrollados se trabaja por 16 dólares la hora, por lo que para poder competir en una economía global debemos tener tipos muy bajos, para que nuestra riqueza financiera e inmobiliaria nos permitiera vivir.Normalmente, los tipos suben para frenar el crecimiento o para luchar contra la inflación. Es cierto que en crecimiento hemos mejorado pero Alemania y Francia están muy lejos de una recuperación sólida y sostenible. La demanda sigue muy débil y seguirá lo estando.
Es cierto que el IPC se ha ido por encima del 2%. Pero otras veces en las que también ha soprepaso este techo y, además, la subyacente estaba por encima de la general -ahora es claramente al revés-, el BCE no ha subido las tasas. Yo hubiera esperado a que el crudo hubiera subido por encima de 70 dólares para tenerlo más claro. Una razón poco comentada y para mí la más correcta es que el BCE ha subido los tipos como aviso para que la excesiva liquidez traducida en excesos de deuda se vaya moderando, ya que el porcentaje de deuda sobre el PIB empieza a asustar. Nos han dado liquidez hasta decir basta como forma de competir frente a los que cobran un dólar la hora, el problema es que esa liquidez quizás la estemos utilizando de forma especulativa y esto es lo que no gusta al BCE. Ahora esperará unos meses a ver si sus mensajes subliminales causan efecto.
Alberto Espelosín Audera es director de Análisis de Ibercaja Gestión.

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