Aquel 29 de octubre de 1965, como era su costumbre cuando estaba en París, Mehdi Ben Barka se disponía a leer la prensa en la terraza de la Brasserie Lipp, en el Bulevar Saint-Michel.
Ben Barka, líder de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (UNFP) de Marruecos, amén de gran esperanza de la izquierda, se sentía agotado pero contento: sus contactos con los líderes del Tercer Mundo le estaban reportando los apoyos necesarios para su causa, la apertura democrática del régimen. Pero este antiguo profesor de Matemáticas de Hasán II ignoraba que el monarca, tras las revueltas de marzo, había decidido 'desactivarle'.

Ben Barka no llegó a sentarse. «Tenga la bondad de seguirnos», le dijeron antes dos hombres con impermeables, los policías franceses Roger Voitit y Louis Souchon, a sueldo de Rabat. Nadie ha vuelto a ver a Ben Barka, pero es 'vox populi' que fue asesinado. Según un ex agente marroquí, fue conducido a una villa al sur de París, donde fue torturado, a veces en persona, por la implacable 'espada' de Hasán II, el ministro del Interior Mohamed Ufkir. El mismo general que, siete años después, se 'suicidaría' de tres disparos en la cabeza tras atentar contra el avión del rey.

A los torturadores se les fue la mano y Ben Barka murió. El cuerpo fue trasladado a Marruecos y enterrado allí en secreto.Hasta hoy.