La conferencia de Manuel Valls, diputado socialista francés y alcalde de Evry, municipio parisiense de la banlieue,desde Tribuna Barcelona,fue digna de haberse retransmitido en el Fòrum donde deliberaban los participantes de la cumbre euromediterránea. Algunas de las claves de la problemática, motivo de la cita internacional, fueron explicadas con lucidez por este joven fenómeno de la política francesa, barcelonés de origen.

A su singular experiencia de agregado de los gabinetes de los ex primeros ministros Michel Rocard y Lionel Jospin, Manuel Valls suma el saber que proporciona la vida y gestión de un municipio que, a él sólo, es un microcosmos de la sociedad suburbial. Es una fuente de la que a diario extrae enseñanzas en relación con la crisis social francesa. El problema de la integración es un mal que no es exclusivo del país vecino, fácilmente contagioso y extensible a una buena parte del continente europeo, con raíces en la otra orilla del Mare Nostrum.

Partidario realista y creativo de la laicidad vista de frente, en su último libro, Manuel Valls se sitúa en un plano neutral, nada anticlerical sino neutral. Lo cual le permite ahondar, en su alcaldía, en los necesarios diálogos con diversas confesiones y etnias, llegadas para integrarse en un el marco de los valores y principios de una sociedad democrática. Pero reivindicando, cuando menos para sus hijos nacidos sobre el terreno de emigración, condiciones de igualdad de oportunidades.

Merecedor de ser oído y leído, Manuel Valls, al igual que Barcelona, su ciudad natal, son vivos ejemplos de la mutación de los tiempos y de la aceleración de la historia. En su breve escala, se encontró con la urbe en plena ebullición. No sólo debido a la cumbre que, entre otros estadistas, reunió a palestinos e israelíes. Un acontecimiento de trascendencia internacional que cerró, por iniciativa del imaginativo y tenaz Lluís Bassat, en feliz acuerdo con Joan Laporta y con el viceprimer ministro Shimon Peres, el insólito partido del Camp Nou. Al tiempo que el popular escocés Sean Connery disparaba el balón de los pacifistas vestido de una camiseta de los azulgrana, numerada con el 007. Una auténtica première mundial, en favor de la pacifista fundación de Shimon Peres.

Para postres, el singular diputado y alcalde de la región parisiense, sostuvo un coloquio con Mohamed Chaib, colega del PSC, que en su lista electoral incluyó Pasqual Maragall. Un gesto del actual president de la Generalitat de Catalunya que ha resultado un anticipo de representatividad de minorías integradas. Justamente lo que el propio Manuel Valls pide tenga pronta efectividad en Francia. Pues la sociedad debería ser participativa a todos los efectos.