Ayer, Acebes dijo que el Gobierno de Zapatero amenaza a los periodistas y hasta al gobernador del Banco de España; hemos progresado, antes sólo amenazaban a periodistas y protegían a un gobernador que fue declarado mechero. Zaplana dijo, en la sesión de control, que el Gobierno no gobierna para todos y que dos diputados de la mayoría gubernamental como galeotes han acompañado a asaltantes de un medio de comunicación; en eso seguimos igual, aunque aún no nos han linchado como en Guadalajara. Rajoy avisó de que se empieza por piscinas y por emisoras y nunca se sabe por dónde se va a terminar.
Han vuelto a sacar la mordaza.

Se han iniciado las amenazas a la libertad de expresión o, por lo menos, a los que nos ganamos la vida con el ordenata dándole a la torta. Ayer, un día clarísimo con el sol frío de Velázquez, hubo consigna de zafarrancho general por parte del tripartito: hay una santa alianza del PP y la prensa de la extrema derecha.No hubo mullazos en los pasillos por miedo a romper las lámparas.

El Gobierno y sus cómplices se están bunkerizando. Los independentistas llegaron ayer a Madrid a zona nacional no para jugar al fútbol en el estadio de Chamartín, ni para quemar iglesias -éstos son rojos de grifo, como el vermut-; llegaron a intimidar a periodistas «pacífica y silenciosamente». Joan Tardà, un mozalbón de pelo aleonado, dirigió la operación junto a Joan Puig, El Conquistador de las Piscinas. Luego Tardá -al que le decían Talla-ferro por su dureza cuando militaba en el PSUC, antes de ser concejal de Cornellá en el mismo ayuntamiento de merchar de Montilla (que aún no ha tenido la dignidad de dimitir y sigue ensuciando al Gobierno)-, comentó en la sidrería Kupela cuando volvía del combate:

- Si aguantamos cinco minutos más, nos matan a hostias.

¿Acaso temblaron los heroicos independentistas ante unas señoras con perritos falderos, chihuahuas, caniches que estaban firmando en el hall de la Cope la carta para Europa?

El talante se está emponzoñando, señor Zapatero, no sólo en los alrededores de la Cope, sino en la M-30 de las alfombras; en los pasillos de la soberanía popular, portavoces de prensa de su Gobierno coaccionan e insultan a los periodistas. La intolerancia andaba ayer libre por el Palacio de San Jerónimo. Yo lo único que quiero recordar es que ni en los 90, ni en los 2000 ataqué al socialismo, sino a los socialistas corruptos; en cuanto a eso de que estamos en la cruzada de la extrema derecha por la cuestión catalana, lo que estamos es contra los que dan tiros en la nuca; estamos tan a la extrema derecha como Azaña, Prieto o Negrín.

Un compañero de EL MUNDO, Manuel Sánchez, intenta presentarme a Joan Tardà y éste, con el cabello neroniano, me dice:

- No tengo interés en hablar contigo.

Yo tampoco tenía el mínimo interés en hablar con él. Sólo tenía la curiosidad de conocer si están tapando con sus votos la corrupción del señor Montilla, que se extiende hasta sus siglas; también les condonaron un pufo cuando hacían campaña contra el peaje; les llamaron de la Caixa para decirles: «Si seguís tocando los ous, vamos a ejecutar el crédito». Le iba a preguntar si no considera que es un robo la cantidad astronómica que han entregado a UGT, apoyando a la mayoría en el Parlamento. Me interesa mucho saber en qué condiciones de desigualdad, de burla, queda el sindicato que más luchó por los derechos de los trabajadores y que se llama CCOO.