La Vanguardia informó hace unas semanas de la celebración de la I Jornada Generacional d´Economia. Bajo este título los organizadores convocaban a los profesionales de la economía y de la empresa, y a los agentes económicos y sociales de la generación nacida en los años sesenta y setenta. Por decirlo de una manera gráfica: ninguno de los asistentes ni de los ponentes tenía más de 45 años. El motivo del encuentro lo expresaban con claridad los convocantes: "La Jornada Generacional d´Economia es fruto de unas inquietudes por el futuro de Catalunya que afloran más allá de ideologías e instituciones entre nuestra generación, y que se quieren abordar desde una perspectiva de complicidad generacional, de transversalidad y pluralismo". Los ejes temáticos de la jornada ya reflejan las coordenadas de sus preocupaciones: innovación y espíritu emprendedor; internacionalización de la economía; y cohesión social y sostenibilidad. Sería un grave error de percepción, por tanto, considerar esta convocatoria como una especie de incipiente asalto al poder. De ninguna manera el mensaje era ahora nos toca mandar a nosotros.
Lo más relevante consiste en lo que podríamos calificar como la voluntad de construir una autoconciencia generacional. Hasta cierto punto, se trata de la emergencia de una nueva generación de profesionales a la que podríamos denominar la generación glocal. A realidades nuevas, palabras nuevas, aunque el neologismo no es nuestro. El término glocalización fue utilizado en el ámbito académico por Roland Robertson (1995) para afirmar que lo local no es un mero contrapunto de lo global sino un aspecto fundamental de la globalización, lo que implica la simultaneidad e interpenetración de lo que llamamos local y global. Esta generación se encuentra cómoda adoptando una perspectiva global, fruto de muchas trayectorias individuales en las que haber estudiado y trabajado durante ciertos periodos de tiempo fuera de Catalunya es algo normal. Para ellos las nuevas tecnologías no son nuevas, sino, simplemente, las tecnologías. Y cuando hablan de competir en mercados abiertos no hablan del último informe de coyuntura o del último documento de estrategia sino, simplemente, de su experiencia vital. Pero, a la vez, están seriamente preocupados por el futuro de Catalunya en este nuevo mundo en red que están contribuyendo a construir. Y su inquietud ya no es, simplemente el riesgo de que la prudencia nos haga traidores, sino que determinadas prudencias, autocomplacencias, incompetencias y restricciones impuestas y no cuestionadas nos lleven a una cierta obsolescencia y a una lenta pero perceptible pérdida de energía y de dinamismo en tanto que país.
Pero ya hemos dicho que no se trata de una simple apelación al cambio generacional. Creemos que a lo que apunta esta jornada no es tanto al relevo generacional como al compromiso generacional. Se expresó gráficamente en uno de los debates: cuando se planteó la pregunta "quién debe hacer", la respuesta que surgió de uno de los asistentes fue que la pregunta más bien debía ser "qué queremos hacer". Veámoslo una vez más en el texto de la convocatoria: "Desde nuestras responsabilidades profesionales y como expresión de compromiso cívico, apelamos a la construcción de un diálogo transversal y plural, entre profesionales de la economía y de la empresa y el conjunto de los agentes económicos y sociales de todos los sectores". Se trata de una propuesta que no contrapone ni disocia responsabilidad profesional y compromiso cívico. De ahí la importancia de crear espacios de encuentro donde sea posible compartir e integrar dichas responsabilidades y compromisos. En definitiva, construir la Catalunya que se corresponda con el mundo del siglo XXI requiere, a la vez, pensarla y soñarla. Y hacerlo en común, para lo que se requiere crear espacios donde esto sea posible.
En este sentido es apasionante asistir al nacimiento de un espacio de diálogo en el que estuvieron presentes profesionales, directivos y sindicalistas, así como algunos políticos y dirigentes de organizaciones sociales y ONG; espacio que ha concitado el acuerdo y el apoyo de todo tipo de instituciones. Porque lo que aquí se propone no es sustituir a nadie, sino construir nuevos espacios que respondan a compromisos e ideales transversales que sean a su vez también punto de encuentro. Alguien ha dicho que esta jornada recuerda algo de la Assemblea de Catalunya. La imagen es a la vez sugestiva y reductora. Sugestiva porque alude a una manera de proceder profundamente arraigada en nuestra tradición nacional. Pero reductora porque, si obviamos el hecho de que para la gran mayoría de los asistentes la Assemblea de Catalunya es algo que no forma ya parte de su memoria vital, aquí nos encontramos con una iniciativa en clave de país que surge de ámbitos profesionales y de los agentes económicos y sociales. Por decirlo también con toda crudeza: ¿sería hoy posible visualizar la voluntad de construir complicidades glocales y transversales en clave catalana entre la generación de políticos nacida en los sesenta y los setenta?
Por cierto, la jornada llevaba por subtítulo Nuevos liderazgos para la economía global. Como hemos visto, se basa en una visión del liderazgo indisociable del compromiso cívico. Al fin y al cabo, esta iniciativa pone de manifiesto la oportunidad que significaría para Catalunya fortalecer una aproximación relacional al liderazgo. Es decir, partir con la conciencia clara de que la gobernanza futura de nuestro espacio público va a requerir del acuerdo común de nuestros mejores agentes económicos, políticos y sociales. Que al menos una nueva generación económica tome la iniciativa es todo un signo de esperanza.
ÀNGEL CASTIÑEIRA Y JOSEP M. LOZANO, profesores de Esade

Escribe un comentario