Algunos líderes y comentaristas se quejan de que Ángel Acebes vincule la estrategia de ETA al Estatut de Catalunya. Les parece indigno que quiera sacarse provecho del comunicado de ETA en beneficio de la campaña anti-Estatut que el Partido Popular está desarrollando en toda España. Pero los hay que, sin embargo, sostienen que Acebes tiene derecho a expresar libremente su opinión y que no por ello merece ser descalificado.

Pues bien, con igual razón y fundamento puede sostenerse que ya son varias las ocasiones en las que ETA actúa en beneficio objetivo de la estrategia del Partido Popular. Los hay que opinan que existe una alianza objetiva entre ambos, interesados los dos en crispar y radicalizar el país. Se dice que para el Partido Popular cuanta más ETA, mejor. Que -se dice- por ello hubo tanto interés en atribuirle a ETA la responsabilidad del 11-M, porque con ello se hubiera producido una corriente de votos favorable al Partido Popular en las inmediatas elecciones del siguiente 14-M.

Seguramente, esta pretendida alianza objetiva entre los intereses de ETA y la estrategia del Partido Popular indigna y ofende a los responsables y militantes de este partido. Sus simpatizantes y votantes consideran como una agresión -estoy convencido- la mínima sospecha sobre algo tan lejos y contrario a su voluntad. Pues bien, igual ocurre cuando Ángel Acebes pretende asociar ETA y Estatut, para denostar y combatir a los partidarios de éste. Se sienten ofendidos, humillados, insultados, agredidos. En Catalunya, desde siempre, el proceso autonómico se ha conducido por vías pacíficas; la violencia es ajena a la vida política catalana y cuando alguien ha intentado introducirla ha fracasado, a consecuencia fundamental de la condena sin vacilaciones de todas las fuerzas políticas y del rechazo frontal de la sociedad catalana.

Quizás hubiera sido mejor entender que de los comunicados de ETA lo mejor es ni hablar de ellos. Y, en todo caso, nunca intentar sacar provecho en apoyo sectario de estrategias partidistas. La ETA es ajena a Catalunya; la hemos condenado y hemos sufrido sus ataques sin dejarnos llevar por una ira coyuntural. Hemos preferido demostrarles que no nos cambiarán, que nuestra libertad sólo se construye desde el respeto a los derechos de todos.

Nadie, de buena fe, puede ignorar todo esto. Por ello, cualquier intento de asociar Estatut y ETA es peor que un insulto; es, simplemente, un acto vil, odioso. Como lo sería asociar a ETA con los objetivos de un partido que se tuviera por democrático.

Porque, aun cuando a veces no lo parezca, en la política también hay límites. O debería haberlos.