Hace años que en la granja manda el caganer. Él y sus pastores llevan más de un cuarto de siglo haciendo y deshaciendo a placer como si la granja fuera suya. Ocurre a menudo que cuando el pastor lleva demasiados años dirigiendo el rebaño pierde el norte, confunde su rumbo y se convierte en caganer.
Termina maltratando al ganado al que servía, ahora solo son para él un medio de vida. Ni le respeta, ni está para servirle. A los gallos y gallinas de la granja hace tiempo que les toca los huevos solo para molestar.
El caganer y sus pastores exprimen hasta la última gota de leche de su rebaño, les llevan y traen a las áreas verdes para que pasten sin descansar un momento. Año tras año el caganer amplia las áreas verdes para conseguir mejores rendimientos.
Los pastores que mantienen en su cargo al caganer saben que cada vez comete más errores y hablan mal de él a sus espaldas, pero no se atreven a criticarle abiertamente por no perder el poder y seguir a su lado llevando los tres el bastón de mando de la explotación.
Cuando el caganer no está presente, se reúnen los pastores con otro colega de un pueblo cercano, un tal Xavier, para intentar quitarle el rebaño al caganer, eso sí, siempre que el rebaño lo decida.
Pero sucede a menudo que el ganado se acomoda, como borregos que son, y van donde les mandan, soportando todo tipo de abusos sin rechistar. Los que pueden huyen de la granja, se trasladan a vivir a granjas cercanas donde el pastor todavía no se ha convertido en caganer.
Pero no todos pueden hacerlo, los hay que no tienen más remedio que soportar al caganer aunque la cague.
Se han acostumbrado a disfrutar de los beneficios del poder, les encanta a los tres usar a diario el tractor oficial, nunca cogen el borreguero, pasan largas facturas de dietas, viajes, comidas y gastos de representación. El dinero que consiguen de la venta de la carne y la leche de su ganado no sirve para mejorar las instalaciones del redil, sino para pagar favores que le mantienen en el poder.
Hace diez meses se le vino abajo uno de los edificios que acogen al rebaño debido a su mal estado y no supo evitar el desastre a tiempo, además malgasta el dinero de la granja en reuniones de amigos, él les llama fórums, en el último perdió tanto que se vio obligado a rehipotecar la explotación.
El caganer sabe que lo está haciendo mal y que el rebaño ya no le quiere, pero no se marcha, su objetivo no es el bienestar del rebaño, sino el suyo propio.
El ganado se queja de la falta de limpieza, de los ruidos excesivos y la inseguridad cada vez mayor, pero él lejos de resolver los problemas se inventa unas ordenanzas internas de las instalaciones, para evitar actos incívicos.
El caganer no comprende que cobrar 43.000 de las antiguas pesetas por retirar con la grúa el carro averiado del rebaño, también es un acto incívico.
El caganer tiene miedo y se blinda con un ejército de vigilantes de distintos colores según las zonas, verdes, azules, con los que espera seguir exprimiendo la leche del rebaño hasta el final.
Los vigilantes de la granja no evitan los ataques de zorros y lobos, si los ven llegar miran a otra parte, sólo les preocupa asegurarse los litros de leche diaria que les manda ordeñar el caganer.
Este año frente a la granja ha puesto un pesebre de diseño, con figuritas de oro pero sin la suya, para no sentirse identificado.

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