Una sorprendente columna de Joaquín Estefanía en El País nos recordaba ayer eso del cazador cazado o, como titulaba Louis Lumière su histórico cortometraje, L'arroseur arrosé. Escribe Estefanía, bajo el título sin duda llamativo de O gobierno yo o no gobierna nadie: «En vez de ejercer la labor de oposición desde la normalidad, la dirección del PP favorece los disparates, las exageraciones y las insidias, hasta hacer irrespirable el ambiente político».La columna nos ilustra la magnífica capacidad de reinterpretación de la Historia y de la actualidad que tradicionalmente ha demostrado el progresismo aquí, allá y acullá: el partido asediado por la izquierda desde hace años -por el Prestige, por Irak, por el 11-M...- , el partido de las sedes atacadas, de los dirigentes insultados en el Parlamento, es hoy el gran crispador de la vida nacional.
¿Falta de memoria tan sólo? ¿No tendrán quizá algo, un poquito, que ver con la crispación las iniciativas del actual Gobierno en torno a Cataluña, la educación o la familia?
Los ejemplos y los razonamientos que ofrece Estefanía ayudan a colocar en su justo lugar sus aseveraciones. Se escandaliza de que el PP reproche a Durao Barroso que hable de la OPA sobre Endesa con Rodríguez Zapatero, y se escandaliza... ¡porque Barroso estuvo en la foto de las Azores con Aznar! Logiquísima descalificación...¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? Y, para polémica entre el PP y el Gobierno, nada mejor que el cruce de palabras sobre el «riesgo de desbordamiento del gasto público» entre Solbes y... ¡el gobernador del Banco de España! El columnista parece convertir a Caruana, por arte de magia, en miembro de la directiva de Rajoy... Y, de paso, va y recuerda la dimisión de Oskar Lafontaine del Gobierno socialdemócrata alemán en 1999, forzada según el articulista tras pedir Lafontaine al BCE que bajase los tipos de interés. No sólo es errónea esa interpretación (Lafontaine se tuvo que ir cuando Gerhard Schröder le reprochó duramente las medidas contra las empresas adoptadas desde su Ministerio de Hacienda y le desautorizó anunciando que él rechazaba todo ataque al sector privado), sino que... ¿qué tendrá que ver aquella historia con la discrepancia Solbes-Caruana? ¿O sugiere el columnista que el ministro imite a Lafontaine?
Y luego hablan de análisis político. Debe ser como hablar de índice de precios al consumo e incluir en ellos los de la cirugía plástica. La lógica, al poder. Y la intelligentsia.
P.S. Una interesante crónica del corresponsal de El País en Bruselas, Ricardo Martínez de Rituerto, sobre la inminente y drástica reducción (de 92 a 67) del número de traductores de español en la CE, desataba el sábado los nervios de la agencia oficial Efe, que en una hora daba tres titulares: CE descarta reducir traductores al castellano, CE reducirá traductores por proporción lenguas maternas, y CE no reducirá traductores por proporción lenguas materas... ¡Y los tres para la misma información! Además, ésta, confusa, camuflaba la verdad: sí, en efecto, se reduce de 92 a 67 el número de traductores...

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