Ayer, un micrófono indiscreto captó una conversación reveladora entre Zapatero y su más alto asesor para asuntos internacionales, Carles Casajuana.
Casajuana: «Habría que buscar algún momento para que veas a algún palestino. Abu Mazen y algún otro más si quieres. Si no, vas a estar aquí cuatro horas y te vas a aburrir mucho».

Zapatero: «Bueno, depende de lo que digan».

Casajuana: «Los textos no van muy bien. Estamos intentando cerrar algo».

Zapatero: «Hay que cerrarlo, ¿eh? ¡Hay que cerrarlo como sea!».

Casajuana: «Sí, pero igual te tengo que pedir que hagas una gestión con Tony Blair. Está por tirar la toalla. Casi se inclinan por una declaración presidencial. Estamos forcejeando ahí... lo que pasa es que los israelíes están intratables. No aceptan un texto de hace seis meses. Y los otros [los árabes] se han quedado tan tranquilos porque le echan la culpa a Israel».

El diálogo es corto pero encierra un par de claves que arrojan luz sobre esta tormentosa reunión. De un lado, el reconocimiento de la actitud de Zapatero, a quien su propio director de asuntos internacionales le advierte de que toda una mañana mano sobre mano puede resultar soporífera. Se trataba de empujar al presidente del Gobierno a aceptar un encuentro bilateral con el presidente de la Autoridad Palestina, uno de los hombres clave a la hora de desbloquear el pantano en el que se hundía visiblemente el éxito de la Cumbre. Al parecer, Zapatero no tuvo ese encuentro con Abu Mazen.

Le cedió los trastos al ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, quien, pese a todas las críticas vertidas contra él desde algunos medios 'monclovitas', fue el que puso en marcha toda una maquinaria diplomática que funcionó sin descanso para intentar lograr un acuerdo.

La falta de sintonía entre Presidencia del Gobierno y el Palacio de Santa Cruz a cuenta de la política exterior es cada día más notoria. Moratinos no es un político de peso en el seno del partido y eso se nota. Desde su inútil oposición a la firma de acuerdos con Venezuela para la venta de material militar, hasta la falta de respaldo presidencial en sus esfuerzos por hacer valer la influencia de España en Oriente Próximo, la historia de la asintonía en el terreno de las relaciones internacionales es todo un rosario.Ayer, sin embargo, Zapatero advierte que un fracaso de la Cumbre podía ser muy perjudicial para su imagen. Por ello el presidente exige a sus asesores la consecución de un acuerdo por encima de todo. El, que ha rechazado en varias ocasiones la posibilidad de realizar una gira por Oriente Próximo, veía no sólo que los líderes árabes no respondían a su llamada, sino que, además, el superproyecto de imprimir velocidad de crucero al proceso de Barcelona podía saldarse con un estrepitoso fracaso.