Cuentan que Jesús Polanco, una vez que le ha sacado a Zapatero lo que necesitaba, ya no lo soporta. Líder de un partido radical de nuevo cuño, derecha e izquierda siguen con asombro la capacidad de ZP para embarcarse en aventuras ruinosas para su crédito electoral, entre ellas alguna que otra OPA en la que no es fácil distinguir la mano del Gobierno de la iniciativa de unos gestores privados

Las buenas gentes del establecimiento patrio todavía no salen de su asombro al recordar el reciente episodio vivido en Palacio, con motivo de la recepción ofrecida por los Reyes en honor del presidente chino, Hu Jintao. Con las señoras de tiros largos y los señores en su versión más elegante divididos en mil corrillos, Jesús Polanco agarró del brazo a José Luis Rodríguez, se lo llevó a un aparte y durante cinco minutos, que a algunos parecieron 10 y a otros 20, una eternidad, el tipo más poderoso de este país y también uno de los más ricos le estuvo leyendo la cartilla al presidente del Gobierno, el dedo índice levantado en señal de advertencia, «no me cuentes cuentos chinos», oyó decir alguien que pasaba por allí.
El tycoon estaba prescribiendo al presidente la medicina que tantas veces ha aplicado ya a otros jefes de Gobierno, ministros de Economía o simples presidentes de Telefónica. Carlos Solchaga fue uno de ellos. En plena luna de miel con Felipe González, el diario El País comenzó a criticar duramente la política económica del ministro. Cuando alguien de su entorno se extrañó y quiso preguntar a qué obedecían tales ataques, Polanco se explayó de buena mañana en Valdemorillo, ante una taza de porcelana inglesa llena de humeante café: «Es que estoy negociando la compra del paquete que me falta para hacerme con el 100% de la SER, y Solchaga se está poniendo muy pesado con el precio. Ya verás como con unos cuantos editoriales entra en razón».

Entró, entró. También entraba Juan Villalonga en sus tiempos de presidente de Telefónica. La marcha de las farragosas negociaciones para la fusión de las respectivas plataformas digitales podía seguirse divinamente por el tono del tratamiento que Prisa dedicaba a la operadora y su mandamás. Palo y zanahoria. Luego llegó César Alierta y rápidamente, con el permiso de Aznar, otro que también entró, fusionó CSD con Vía Digital. Alierta es hoy un hombre feliz a la sombra protectora de Polanco. Pero el de Santillana, como el propio Felipe, no está contento con Rodríguez, dicen que no puede con él, que no lo soporta. Ya le ha sacado lo que quería y lo considera un peso wélter sin el cuajo necesario para el puesto que ocupa, y eso ha disparado toda clase de rumores en el madrileñeo nuestro de cada día, el más disparatado de los cuales es el que afirma que a ZP le están preparando una sorpresa parecida a la que significó el relevo de Adolfo Suárez por Leopoldo Calvo Sotelo.

Don Jesús tiene en casa, sin embargo, una quinta columna tan poderosa como la que representa el jacobino de Cebrián, ese hombre todo abnegación que esta semana nos ha explicado que aceptó resignado el nombramiento de jefe de los servicios informativos de la TVE franquista en tiempos de Arias Navarro con la sola idea de traer la democracia a España, he ahí un héroe de nuestro tiempo, al alimón, eso sí, con el entonces Príncipe Juan Carlos. Pero la familia de Polanco, sus hijos, incluso su sobrino, votan derecha, de modo que el choque de trenes al atardecer de la precaria situación del empresario está asegurado. Todo se ha juntado en un momento particularmente difícil. La salud, la soledad y la decisión de Mariluz de romper la baraja si no hay pronto acuerdo judicial.Como dice Thomas Mann en Los Buddenbrook, «sé que con frecuencia los indicios del encumbramiento aparecen cuando en realidad todo camina ya hacia el ocaso».

Para enfadar más a Polanco, el presidente del Gobierno ha decidido otorgar un nuevo canal de televisión a sus amigos de La Sexta, ya saben, Contreras, Barroso, Roures, lo que significa añadirle más picante a un guiso particularmente indigesto como es el de la televisión analógica, la que vemos ahora, donde Cuatro está mostrando unos registros tan pobres, poco más del 4% de share, que en Gran Vía 32 se han encendido todas las alarmas en recuerdo de otros sonoros fracasos del grupo Prisa. Pero Rodríguez Zapatero, líder de un partido radical de nuevo cuño que poco o nada tiene que ver con tres de las cuatro siglas del viejo PSOE, no parece un tipo que se arredre por advertencias a índice alzado en un rincón de Palacio. Ante el asombro no ya de la derecha, que va de suyo, sino de gran parte del propio socialismo, Rodríguez prosigue su imparable cabalgada, huyendo hacia la revolución perdida como las protagonistas de Thelma & Louise escapaban de un mundo que les había cerrado todas las puertas.

Sólo así se explica la capacidad de este hombre para embarcarse en aventuras a cual más ruinosas para su crédito electoral, como la concesión de La Sexta, en contra del consejo de gente sensata de su entorno, temerosa del eventual escándalo que levantará el caso. «El desgaste de hoy será la fortaleza del mañana». El de Rodríguez es simplemente un Gobierno dadivoso. Se cumple ahora un año de aquella gigantesca chapuza que fue el intento de abordaje del portaviones del BBVA por la chalupa de Sacyr, con el apoyo del Gobierno de la nación, implicado hasta las cachas en reuniones con los asaltantes incluso en dependencias oficiales. Jamás el totum revolutum entre lo público y lo privado que de siempre ha caracterizado la vida política y económica española ha sido tan obscenamente obvio como con este Gobierno radical. Desde el 5 de septiembre asistimos a un nuevo y clamoroso episodio de esta clase, concretado en la OPA de GN sobre Endesa, en el que, por desgracia para La Caixa, resulta muy difícil distinguir los perfiles que separan la acción de Gobierno de la iniciativa de unos gestores privados.

La sensación de que vivimos en un mundo al revés no deja de acrecentarse al reparar en determinadas decisiones del Gobierno que parecen basadas en el populismo más grosero, caso de la venta de armas a Venezuela. Se desaira al Imperio al mismo tiempo que se sigue intentando meter cabeza en los programas Deepwater y Litoral Ship de la marina estadounidense, y se solicita la ayuda de la misma pérfida EEUU para los programas de fragatas y buques logísticos australianos. Del brazo de Chávez, lo más probable es que el futuro tecnológico de nuestra industria de defensa siga consistiendo en vender morteros a países tercermundistas, rememorando operaciones como las de Egipto o Marruecos, que es donde se obtienen las jugosas comisiones que han hecho ricas a algunas prominentes figuras de nuestra vida política.

Dijimos aquí semanas atrás que las elites políticas regionales, preteridas por Madrid, reclaman su derecho a hacer en sus respectivos territorios lo que el madrileñeo viene haciendo en Madrid desde 1976. Y si el Gobierno central se embarca en el patrocinio de OPA de toda laya, es normal que el Gobierno gallego patrocine un golpe de mano en Fenosa como el que esta semana ha tratado de abortar Florentino Pérez, ese «ser superior» que dijo Butragueño.Resuenan por Madrid los ecos del inmenso cabreo provocado en los March por las declaraciones de López Jiménez, el amigo ingeniero que Don Fiore ha colocado al frente de la eléctrica. Su efervescencia verbal ha trastocado todos los planes de los millonarios, que al final se harán con el 35% de la eléctrica pagando 33 euros por acción, una barbaridad, sin que el dispendio garantice perder de vista a un bloque gallego cuyo principal problema se antoja la ausencia de un director de lidia. Hay pelea para rato y de la buena.

Como ya ocurriera con la compra de Dragados, de nuevo los accionistas minoritarios de Fenosa pagan el pato de los desafueros de unas instituciones, tal que la CNMV, a la que acude gente de aparente peso que, a los cuatro días, se manifiesta superada por la responsabilidad del cargo, caso, el más reciente, de Manuel Conthe. En EEUU, como la SEC entiende menos de ovejas preñadas o paridas y más de hacer cumplir la ley, a Emilio Botín le han puesto en su sitio.Allí no se puede manejar un banco con el 1,162% del capital, ni siquiera con el 19,8%. Según Financial Times, el modus operandi del Santander «es un velado intento de privar de su derecho a voto a los accionistas y de erosionar el interés del Sovereign como blanco de una potencial OPA», y todo ello «para que un equipo directivo acorralado pueda seguir con su orgía de gasto». Cosas todas que en España se consienten a los poderosos, pero que en el Imperio están francamente mal vistas.

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