...«Montilla es un buen ministro y un hombre ponderado (...) Hay 19 razones para que siga trabajando. El balance hasta el momento es excelente. No todos ustedes pueden hacer un balance semejante»... -M. T. Fernández de la Vega / Congreso de los Diputados.
Antes de que los Comunes prohibieran la caza del zorro en Inglaterra, dicen que los adversarios de esta práctica tenían un truco más rudimentario para impedirla, consistente en arrastrar un arenque rojo ahumado, de fuerte olor, para confundir el olfato de los perros y desviarlos de su presa. Con el tiempo, ese pescado pasó de los campos de la caza al terreno argumental para dar nombre a la falacia consistente en extender una pista falsa.
Esta es la que vimos puesta en práctica el pasado miércoles, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso, cuando la vicepresidenta tuvo que hacer frente a sendas preguntas de Acebes y Zaplana sobre el llamado caso Montilla, es decir, la condonación de la deuda contraída por el PSC con la Caixa y las responsabilidades del ministro. Con peores o mejores argumentos, la vicepresidenta podría haber optado por hacer frente al meollo de la pregunta: «¿Considera que el ministro puede seguir desarrollando correctamente sus funciones?». Sin embargo, De la Vega prefirió arrastrar un oloroso arenque rojo en forma de «excelente» balance ministerial con reminiscencias de campaña televisiva: 19 meses, 19 razones. Las llamadas razones eran los planes y programas puestos en marcha por Montilla, comenzando nada menos que con una Ley del Comercio «para evitar la morosidad en los pagos» (!) y continuando con un plan para cumplir el compromiso de Kyoto, otro para la comarca de Ferrol, y así hasta 19... arenques rojos, pues en la respuesta no se abordó nunca el crédito condonado, el papel de Montilla como consejero de la entidad financiera o, ni siquiera, el incumplimiento del Código de Buen Gobierno mencionado por la oposición.
La del arenque rojo es una de las falacias que más utilizan los gobiernos para defenderse de cualquier ataque para el que escasean los argumentos. Se la conoce también por su nombre latín de ignoratio elenchi: ignorar o eludir la cuestión. Basta con presentar como respuesta a una pregunta complicada un argumento que en sí mismo puede ser válido, pero que prueba una cosa diferente de la que se cuestiona. Es evidente que nadie en el Hemiciclo estaba exigiendo que Montilla salga del Gobierno en función de su escasa actividad al frente de Industria, Turismo y Comercio.Se cuestiona su imparcialidad para tomar decisiones en sectores donde la Caixa, condonadora del crédito, tiene intereses directos.«¿De dónde viene Montilla?», pregunta la oposición. «Manzanas traigo», contesta el Gobierno.
La debilidad argumental de la vicepresidenta para defender al ministro volvió a ponerse de manifiesto en la segunda pregunta: «¿Considera que es admisible en un sistema democrático que el Gobierno insulte a medios y profesionales independientes de la comunicación?». De la Vega, sin rechazar o dar explicación de los insultos, respondió con una retahíla retóricamente efectista de los calificativos que el PP ha dedicado a Zapatero. ¿Da cuenta eso de la conducta de Montilla? En absoluto. De hecho, estamos ante otra de las falacias lógicas más socorridas de los gobernantes: la del tu quoque, conocida en nuestros pagos como el y tú más.Eso sí, también aquí la vicepresidenta trata de desviar la cuestión, al equiparar el cruce de invectivas entre políticos, por desafortunada que la práctica sea, con los que un ministro dedica a un medio que ha de someterse a su regulación.

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