El lunes Salman Rushdie y Juan Cruz hablaron en sendas bibliotecas de Barcelona, la Jaume Fuster y la Francesca Bonnemaison, respectivamente.Dos libros: Shalimar el payaso y Retrato de un hombre desnudo, también respectivamente. Y la prensa atenta.
Pero la noticia estaba en la ciudad el martes. Y la prensa, despistada.Ni siquiera la presencia el miércoles del gran Gala y su El poema de Tobías desangelado en verso pueden con las declaraciones de Luis Eduardo Aute. Porque, por fin, Manuela de Madre y sus chicos y todos los de la cuerda que andan inquietos han recibido respuesta.

Su inquietud: los progres de las españas, esos mismos que aplaudieron en su día a Raimon, los que siempre han jugado a la comba con la Cataluña más rojeras, siguen sin decir ni mu sobre lo del Estatut. La de Madre y compañía llevan semanas esperando que lo que ellos llaman el mundo de la cultura y el de los intelectuales de allá por Madrid hagan público su apoyo. Que si quieres arroz Catalina.

Hasta el martes pasado.

El de Al alba, que tantas otras veces ha puesto la cara, que habla en catalán y comparte con Gil de Biedma, entre otras cosas, pasados filipinos, llegó a la Casa del Llibre y dijo la suya: «Yo propongo que fundemos ESPANHA». Que no es el nombre luso, aunque bien podría servir para incluir Portugal en el paquete, sino las siglas de Estado Social (o Soberano) de Países (o Pueblos) Autónomos y Naciones Históricas Asociadas (o Asimétricas). Y que a Ronaldinho se le rebautice Ronaldet a la voz de ya.

Llegó con Jaume Sisa y con Ofelia Grande, editora de Siruela -«la más guapa editora del mundo», en palabras de Aute-, a presentar su triple disco-libro-dvd AnimalHada, que es exactamente lo que su nombre indica. Pero ya desde el momento en que Sisa se lanzó en castellano, es castellano tan suyo como de la Seu, y el otro, en catalán, yo tuve el pálpito de que la cosa venía política.

«Luis Eduardo Aute es lo que en Cataluña llamamos un boletaire», dijo Sisa. Y por si acaso: «Los boletaires son una raza que habita en el mundo galáctico» y «las setas no se cultivan, sino que nacen espontáneamente del humus de la tierra, ¿verdad?». Y «Aute no puede abstenerse de crear, una de las cosas por las que se te aceptaría como catalán en el nuevo Estatut, por lo pencaire».A lo que el otro, desde su galaxia, añadió que sí, que trabaja bastante, «pero depende de lo que haya mamado aquella noche se me ocurre alguna cosa o no se me ocurre nada». Y eso no era muy del Estatut, la verdad. Tampoco la muestra que ofreció de su obra a los muchos autistas que se habían juntado a escucharle: «Glúteos del mundo, aglutinaos. Nalga la redundancia».

Mejor pensado, sí, puede que esa muestra de lo que él llama «poemigas» sirviera de lema, de eslogan, de lo que sea que el tripartito necesite para promocionar su (¿buen?) talante allende Lleida.Es más, a medida que lo escribo, me convenzo. Me consta que los de Maragall y los de Saura -a los de Carod-Rovira les importa una rabaneta, algo que por evidente no necesito que me conste- andan preocupados, cabizbajos y meditabundos, necesitados de ese cariño español que hasta los suyos les ratean. ¿Por qué no hacen caso de Luis Eduardo Aute, buenas gentes?, ¿por qué no le aceptan el lema de los glúteos, que a la par de simpático tiene reminiscencias de lo que ustedes saben? Acepten al boletaire de Madrid como aliado, escuchen sus consejos y, sobre todo, estén atentos. Si no, les pasará como a los periodistas, que perderán la ocasión.

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