Ana Rosa Migoya «lamenta» el retraso en el traspaso de las competencias sobre las líneas de ferrocarril que discurren enteramente sobre suelo asturiano. El Principado censura la falta de dedicación del Ministerio de Fomento a esta cuestión. Es la primera vez que el Gobierno de Álvarez Areces desliza una crítica sobre el Ejecutivo de Zapatero. El motivo del malestar tiene escasa importancia, ya que a los ciudadanos les resulta indiferente que dos o tres líneas de ferrocarril estén bajo control estatal o autonómico. Es natural que los diputados incluyeran en el Estatuto de Autonomía esta competencia -a fin de cuentas estamos ante un servicio de transporte que se presta íntegramente en Asturias-, pero su inclusión en la norma estatutaria tiene más carácter simbólico que real. Otra cosa sería que todas las infraestructuras y las líneas de Renfe y Feve pasaran a manos del Principado.

Hay dos razones por la que el Principado se atreve a criticar la actuación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tras diecinueve meses de ininterrumpidas alabanzas. En primer lugar, está el hecho de que el intento de negociación corriera a cargo del consejero Francisco Javier García Valledor. Si la portavoz del Principado, Ana Rosa Migoya, disculpara al Gobierno central, estaría desautorizando al consejero, y ya hubo demasiadas controversias en el seno del Gobierno regional entre los dos socios como para añadir más leña al fuego.

La segunda razón tiene que ver con el ministerio sobre el que carga las quejas el Principado: el de Fomento. Magdalena Álvarez, la titular del citado departamento, es desde el inicio de la legislatura la bestia negra de los socialistas asturianos. Su falta de sensibilidad con los problemas de infraestructuras de Asturias, perceptibles en la suspensión de la tramitación administrativa de la variante de Pajares a los pocos meses de convertirse en ministra y visibles en su ausencia de la ceremonia de inauguración de la ampliación de El Musel, han hecho recelar a los socialistas asturianos de su conducta. No puede extrañarnos que la primera crítica del Principado al Gobierno central tuviera como blanco a Magdalena Álvarez. Para desahogar, no hay nada mejor que unas líneas de tren intrascendentes.