La Coctelera

Caffè Reggio

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24 Noviembre 2005

"El presidente de la Generalitat, con olvido de todos sus deberes, se ha permitido proclamar el Estat catalá", de Jesús Cacho en El Confidencial

“El Presidente del Consejo de Ministros tiene el honor de dirigirse a los españoles: A la hora presente, la rebeldía que ha logrado perturbar el orden público llega a su apogeo”. Así comienza el manifiesto que, en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra del domingo 7 de octubre de 1934, Niceto Alcalá-Zamora, en su calidad de Presidente de la República, y Alejandro Lerroux, del Consejo de Ministros, dirigen a los españoles con motivo del levantamiento revolucionario de Asturias y Cataluña.

“En Asturias, el Ejército está adueñado de la situación, y en el día de mañana quedará restablecida la normalidad. En Cataluña, el presidente de la Generalitat, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá. Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país”.

“Ante la rebeldía social de Asturias y ante la posición antipatriótica de un Gobierno de Cataluña que se ha declarado faccioso, el alma entera del país entero se levantará, en un arranque de solidaridad nacional, en Cataluña como en Castilla, en Aragón como en Valencia, en Galicia como en Extremadura, y en las Vascongadas, y en Navarra, y en Andalucía, a ponerse al lado del Gobierno para restablecer, con el imperio de la Constitución, del Estatuto y de todas las leyes de la República, la unidad moral y política que hace de todos los españoles un pueblo libre, de gloriosas tradiciones y glorioso porvenir”.

“Todos los españoles sentirán en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos. El Gobierno les pide que no den asilo en su corazón a ningún sentimiento de odio contra pueblo alguno de nuestra patria. El patriotismo de Cataluña sabrá imponerse allí mismo a la locura separatista y sabrá conservar las libertades que le ha reconocido la República bajo un Gobierno que sea leal a la Constitución”.

Es verdad que la España de octubre de 1934 y la España de Noviembre de 2005 no tienen de parecido más que el nombre. Aquel era un país pobre de solemnidad, fundamentalmente agrícola, con una clase media apenas incipiente, víctima del oscurantismo religioso, por un lado, y del virus marxista, por otro. La España actual es un país rico, de amplias clases medias, plenamente integrado en un proyecto de futuro como el de la Unión Europea. Hay, sin embargo, y para desgracia de castellanos, catalanes, aragoneses y vascos, algunas cosas que no cambian. Algunas locuras se repiten con la pertinacia que la Historia aplica a sus peores episodios.

En el exordio del proyecto de Estatuto remitido por el Parlamento de Cataluña a las Cortes, se asegura que dicho Estatuto hinca sus raíces en la Generalitat refundada en 1931 como actualización de las instituciones históricas de autogobierno que había tenido Cataluña antes de 1714, estableciendo una línea de continuidad que, partiendo de ese 1931, abarca el exilio y enlaza directamente con las aspiraciones de las nuevas generaciones de catalanes.

Al margen de la peculiar reinterpretación de la Historia que supone olvidar cosas tan importantes como la integración de Cataluña en España (y previamente en la Corona de Aragón), la introducción o exordio del nuevo Estatuto olvida que tres años después de la fecha mágica de 1931, Maciá y Companys declararon el Estat Catalá, que suponía de facto la declaración de independencia de Cataluña del resto del Estado, en una ejemplo claro de traición a la legalidad democrática de la II República, intento que tuvo que ser impedido por el capitán general de Cataluña, Domingo Batet.

También ahora las nuevas elites políticas catalanas, oficiantes de esa religión de nuestro tiempo que es el nacionalismo, traicionan el espíritu y la letra de la Constitución de 1978 y vulneran el Estatuto nacido de esa Constitución y aprobado en referéndum por la mayoría de los catalanes. También ahora el presidente de la Generalitat, primo hermano de un partido que se dice Socialista, Obrero y Español, “con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad”, ha decidido mandar a la papelera el Estatuto de 1978 para embarcarse en “la insensata locura” (que decían Alcalá-Zamora y Lerroux) de un proyecto cuya estación término todos conocemos.

La Historia se repite. ¿Habrá leído Rodríguez Zapatero el parte oficial del Ministerio de la Guerra de 7 de octubre de 1934? Convendría que esa mayoría de catalanes que están en otras cosas totalmente ajenas al afán de poder que se ha apoderado de su clase política, esos catalanes capaces de “sentir en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos” lo hicieran, y se pararan un momento a reflexionar sobre lo insensato de esta nueva intentona.

jcacho@elconfidencial.com

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xavi

xavi dijo

se te va la olla

25 Diciembre 2005 | 04:39 PM

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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