El pasado 10 de noviembre, en LA NUEVA ESPAÑA, don Miguel Comino y 15 firmas más arremetían contra los que denominan «seudointelectuales» que nos oponemos a las nuevas instalaciones eléctricas previstas en Asturias, aunque sin rebatir ni uno solo de los datos puros y duros, objetivos e incontestables, en los que algunos basamos nuestro rechazo.
Su principal razonamiento parece ser que sobre el campo industrial y energético sólo pueden hablar los ingenieros, porque (dicen) sólo se puede opinar con fundamento sobre aquello en lo que trabaja cada uno, y argumentan que «cada uno, como profesional de su materia, a lo suyo, y de lo demás, como ciudadanos de a pie, tenemos el mismo derecho para decir las memeces que cada uno quiera decir».
Esa afirmación podría rebatirse con varios argumentos serios, pero no se lo merecen quienes usan como seudoargumentos (aquí sí está justificado el prefijo) la descalificación personal y el insulto hacia el oponente, procedimiento que se califica, o, mejor dicho, se descalifica, por sí solo.
En lugar de eso, tengo que darles la razón al señor Comino y a sus adheridos porque, según su criterio, algunos de los principales impulsores de las nuevas instalaciones eléctricas no deberían estar impulsando nada ni podrían siquiera haberse metido en política: el señor presidente del Gobierno de España, licenciado en Derecho, estaría seguramente defendiendo a los clientes del bufete de abogados de su padre (quien, por cierto, es otro de los «seudointelectuales» que han llegado a firmar un manifiesto contra los nuevos tendidos eléctricos, en clara contraposición con su hijo). Por su parte, el señor presidente del Principado se dedicaría a explicar logaritmos, integrales y ecuaciones a sus alumnos, puesto que es profesor de Matemáticas. Y, por último, el señor consejero de Industria del Principado debería proseguir con la meritoria labor de alfabetizar infantes, ya que, según se lee en su currículum, es profesor de la antiguamente llamada Educación General Básica, o sea, en lenguaje entrañable, pero políticamente incorrecto, maestro de escuela. ¡Ay, señor Comino, qué gran idea, ojalá le hicieran caso!

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