Sé que corro el riesgo de que algunos de los lectores de este diario se sorprendan con mi ingenuidad y que incluso se mofen de mí. ¿Cómo es posible que Cacho se caiga del guindo a estas alturas? Pues sí, lo reconozco, a pesar de llevar en este negocio más de 30 años, aún sigo pensando, cual moderno Rousseau, que todo hombre en estado de naturaleza es tímido y bienintencionado, vamos, que to er mundo e güeno hasta que no se demuestre lo contrario.

Uno conoce el paño que se guarda en el arca de Polanco, porque no en balde trabajó en el grupo Prisa algunos años, pero confieso que jamás había visto comportamiento tan desvergonzado como el desplegado por la conexión Prisa-Gobierno socialista el pasado fin de semana. Es cierto que la alianza entre Prisa y los Gobiernos de González fue siempre clara, pero las cosas, las filtraciones, las noticias remitidas desde Moncloa se hacían de otra manera digamos que más fina, menos basta o, si quieren, más elegante. El que nos ocupa es un caso de pura piratería informativa.

Me estoy refiriendo a la noticia que abría el viernes pasado la edición de este Confidencial: “Zapatero cenó en secreto con Durao Barroso en Moncloa el 6 de Noviembre”. Aunque estábamos en la pista de que ambos mandatarios habían mantenido el fin de semana del 5 y 6 de Noviembre un “contacto” que torció el pulso de la comisaria de Competencia, Neelie Kroes, en la OPA de GN sobre Endesa, sólo el jueves 10 tuvimos la evidencia de que ese contacto había consistido en una cena en las condiciones relatadas por este diario, es decir, con la utilización de un avión Mistere para hacer posible el correcalles de Barroso entre Lisboa, Madrid y Bruselas.

Llegada la hora de confirmar con los protagonistas la exclusiva, un redactor de este diario se encargó de llamar a la oficina del portugués en Bruselas, donde, tras no pocos tira y afloja, se acabó reconociendo la cena de marras en Madrid. Lo mismo ocurrió con Moncloa. Sin embargo, confirmar en la Secretaría de Estado de Comunicación la utilización del Mistere (posible uso de bienes públicos con fines privados), resultó misión imposible. Tras una serie de llamadas, quedó claro que el asunto dependía de la Dirección General de Información Internacional, al frente de la cual se encuentra Javier Valenzuela, ex periodista en excedencia del diario El País. Cuatro o cinco llamadas más, y sin respuesta.

Pues bien, cuál no sería nuestra sorpresa cuando, al día siguiente, viernes 11, el diario El País publicaba a tres columnas en la página 68 de la sección de Economía una noticia, firmada con las iniciales A.M. desde Bruselas que decía así: “Zapatero se reunió con Barroso para analizar la agenda económica”. El subtítulo aseguraba que “Los presidentes abordaron las perspectivas financieras y la normativa de OPA”.

Desde el principio estuvo claro que se trataba de un intento desesperado de pinchar la noticia que ese mismo día abría la edición de El Confidencial. La confirmación la tuvimos al día siguiente, sábado 19, desde la propia Bruselas: Resulta que A.M, un periodista que, al parecer, lleva poco tiempo en El País, que conoce bien el entramado de la capital belga, y que mantiene buenas relaciones con los eurodiputados populares, se acababa de manifestar “abochornado” ante alguno de ellos: desde Madrid le habían obligado en la tarde noche del jueves a escribir, poco menos que al dictado, la noticia de marras. En el más puro estilo Cebrián.

Estamos ante algo no nuevo, cierto, pero, desde luego, muy grave, o así me lo parece. Que un medio de comunicación llame a Moncloa para chequear una noticia, y que Moncloa filtre esa noticia al grupo de comunicación amigo, con la obvia intención de rebajar su impacto ante la opinión pública, sacando al Gobierno de un aprieto, es uno de los episodios más escandalosos que la memoria de uno puede registrar desde que lleva en la profesión.

Las consecuencias están claras. En primer lugar, esto es un aviso a navegantes. A partir de ahora, cualquier colega de cualquier medio, sea hablado, escrito o en la Red, que en cumplimiento de su obligación profesional tenga la tentación de llamar a Moncloa para chequear la veracidad de una noticia molesta o perjudicial para el Gobierno Rodríguez, corre el riesgo de desayunarse al día siguiente con la noticia –naturalmente amañada, edulcorada, falsificada- en el diario El País, la cadena SER o la Cuatro, o en las tres a la vez. Todo, con tal de defender la virtud menguante del ciudadano Rodríguez. Jamás se había visto caso de desvergüenza semejante.

El grupo Prisa, dentro de esa especial relación de la holding con sus filiales, entre las cuales se encuentra el Ejecutivo Zapatero, ha proporcionado a este Gobierno un buen surtido de periodistas destinado a cubrir jefaturas de prensa de ministerios y organismos varios. Es gente que ha salido de Prisa temporalmente, que espera volver a Prisa cuando acabe la aventura, y que, por tanto, procura favorecer en lo que sea menester al grupo que esperan siga dándoles de comer cuando Zapatero y su Gobierno sean puestos por los españoles de patitas en la calle.

El episodio, que es corrupción en grado superlativo, pone de nuevo de manifiesto en toda su crudeza eso que algunos han definido como el cáncer, o en todo caso el más grave, de nuestra democracia: la pestilente identidad de intereses entre el PSOE y el Grupo Prisa, una auténtica sociedad de socorros mutuos que ha convertido a El País en vocero oficial del Gabinete Zapatero, y a este país en una especie de rehén de esa alianza.

jcacho@elconfidencial.com