La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha levantado una polvareda política. No es extraño que así sea, porque el PP se coloca a sólo dos puntos de intención de voto del PSOE y, lo que es más grave, la confianza de los españoles en Zapatero se ha reducido a casi la mitad en el año y medio que lleva gobernando. Ante estos datos, la explicación del Gobierno es un tanto curiosa, ya que la clave del retroceso estaría en la crispación política. El país está crispado y el Gobierno pierde apoyos. Por esa razón, a los partidos de oposición siempre les interesará crispar la vida política, porque así pronto se convertirán en Gobierno.

José Blanco, 'número dos' del PSOE, interpreta la encuesta de otra manera, y culpa de la pérdida de apoyos a la política de comunicación del Gobierno y a la propia acción del Ejecutivo. Más que la visión de un portavoz del partido en el poder parece la valoración de un líder opositor. No es difícil percibir en las palabras de Blanco las tensiones que origina en la cúpula socialista un sondeo adverso. La política de comunicación es una excusa que se pretexta siempre que las cosas van mal. No obstante, es cierto que a veces la forma de transmitir el mensaje es tan nefasta que arruina el trabajo mejor hecho. Por poner un ejemplo cercano, en los últimos seis años esa fue la mayor carencia en la política del Principado. Pero Blanco no sólo critica la forma de comunicar, sino la propia acción del Ejecutivo. Cabe deducir de sus explicaciones que el Gobierno tiene que cambiar aspectos de su acción política. ¿Cuáles?

La propia encuesta nos da pistas sobre lo que debe hacer el Gobierno. En el trabajo demoscópico aparece José Bono como el ministro mejor valorado. No creo que sea por subir el sueldo a los militares, sino por su perfil moderado, que es lo que esperaban los electores de Zapatero. Los votantes querían que el Gobierno socialista pusiera el acento en los asuntos que importan a un equipo socialdemócrata, como son la sanidad, la educación, las relaciones con la UE y la gestión económica. Como hizo Felipe González en los años ochenta del siglo pasado. Sin embargo, ZP cambió el guión y centró el mandato en las relaciones con los nacionalistas. De ahí la bajada en la valoración.